miércoles, 4 de noviembre de 2009

Propuesta ecológica

En la zona peri-urbana montañosa de Granada, situada entre el barranco de las Cuevas de Reverte y el llamado barranco de la Fuente de la leche, en la margen derecha del río Darro, aparte del conocido cerro de San Miguel, cuya cima está ocupada actualmente por la antena de transmisiones del Ejército, se encuentran media docena de montes olvidados como son el cerro de Reverte, el Manflor, el del Pajarillo, el de los Pinos, el monte Jate y el de la Huelga, fluctuantes todos ellos entre los mil y casi mil cien metros de altitud y con desniveles sobre el casco urbano granadino entre 350 a 400 metros aproximadamente. Dichos lugares son dignos de ser conocidos porque contienen recovecos o rincones escondidos, paraísos de paz y de silencio, así como paisajes prácticamente inéditos a muy poco tiempo del tráfago insoportable de Granada. Tienen también la ventaja añadida de que la mayor parte de su vegetación es autóctona mediterránea, alternando pinos con encinas. Por otra parte, además de los citados barrancos anteriores, tenemos el arroyo del Hornillo y el del Teatino, no faltando tampoco algún manantial que otro para disfrute de quienes conocen su entorno, aparte de pastores o lugareños.
Así como la orografía de enfrente, formada por el Parque de Invierno, el Llano de la Perdiz y el cerro del Sol, es muy conocida y frecuentada, la de esta otra parte es prácticamente desconocida y, por lo tanto, se halla más protegida, teniendo un porcentaje óptimo en cuanto a conservación medioambiental. Dicha zona peri-urbana tan cerca de Granada, con alguno de sus parajes casi vírgenes de visitantes y que es lo único próximo que mantiene todavía el atractivo de la naturaleza del pasado, parece ser que corre grave riesgo, como ya le está sucediendo a la moribunda Vega, cuando se produzca la conexión entre la autovía A-92 y la autovía hacia la costa por medio de una red comunicante, incluyendo algún túnel, previsto hacerla por estos lugares, con la consiguiente proliferación de urbanizaciones venideras y algún que otro incendio, más o menos intencionado, según costumbre. Bendito sea el progreso y la utilidad social siempre y cuando, en la medida de lo posible, se cuide también el derecho a la vida de la naturaleza allí donde se encuentre, sin poner en peligro de extinción rincones tan bellos, además de los citados, como Jesús del Valle, el valle de Belén y el curso alto del río Darro. Por eso se propone a todos aquéllos que quieran comprobar lo existente en la actualidad que lo hagan antes de que desaparezca, ya sea desde el camino que conduce a Jesús del Valle o bien desde el Fargue, que constituye su límite norte. Cuando lo conozcan que lo disfruten y respeten, como se ha hecho hasta ahora.