lunes, 26 de octubre de 2009

No hay mal que por bien no venga. La ermita del Cristo del zapato.

Señor Director de IDEAL.- La ermita del Cristo del zapato sigue destruida desde que hace aproximadamente un par de años un rayo le cayera encima. Actualmente su entorno es desolador, pues a la nefasta obra de la naturaleza hay que añadir la suciedad ambiental compuesta entre otras materias por plásticos, papeles, latas, botellas, etc. Bien es verdad que la mayor parte de esos papeles contienen peticiones y plegarias y se encuentran sujetos con piedras, pero otros están por allí sueltos revoloteando, incrementando con ello la sensación de abandono. No sé el por qué, pero tenía entendido que después del citado incidente atmosférico había sido reconstruida recientemente. Desgraciadamente no es así, por ahora, aunque parece ser que su rehabilitación está en marcha. De momento aquello se asemeja a la consecuencia de un fuerte terremoto.
En cambio, lo que sí se ha reformado es el sendero que conduce hasta la ermita desde Pinos del Valle. Se ha ensanchado con el objetivo de facilitar el transporte de los medios y materiales de reconstrucción, pero, por otro lado, la subida de la anterior vereda era más cómoda y fácil para los caminantes, ya que entre repecho y repecho había zonas llanas en donde se podía recuperar el resuello. De momento, por el contrario, es todo una ascensión continua, con lo que la penitencia de los visitantes será mayor a partir de ahora. Bienvenida sea dicha penitencia si al llegar arriba se viera la ermita bien terminada, como se merece el Cristo del zapato, y con las medidas de seguridad adecuadas para que no le vuelva a suceder lo mismo, pues no se olvide que, como hombre que también es se habrá llevado un buen susto. ¿Por qué no? Por tal motivo quizá, parece como si al paisaje le faltara algo o alguien, mientras no se le reconstruya su casa, que también es la nuestra.
Conviene recordar además, que la anterior ermita se hizo acarreando los materiales a fuerza de mulas o burros y con los precarios medios disponibles en aquel entonces. Esperemos pues que con los modernos medios de ahora la próxima no se demore mucho y que el resultado final sea digno de quien la va a ocupar y de sus numerosos devotos. Es posible también que lo del rayo sucediese para poner a prueba la reacción y la fe de los mismos. Por eso hay que decir una vez más aquello de “nunca hay mal que por bien no venga”. En este caso queda sólo esperar su cumplimiento.

lunes, 5 de octubre de 2009

Adios a la vieja cárcel

Como funcionario de Instituciones Penitenciarias, ya jubilado, y habiendo estado de servicio durante muchos años en el centro penitenciario de Granada, recientemente clausurado, valgan estas líneas como recuerdo y despedida a dicho centro. Dice un refrán aquello de “todo es acostumbrarse, cariño le toma el preso a las rejas de su cárcel” y aunque en este caso escribo como ex – funcionario, no tengo más remedio que admitir que algo de eso hay y algo de eso se contagia. También se dice que del roce nace el cariño y en nombre de tal afecto debo manifestar que no todo fue negativo en la antigua cárcel de Granada. En primer lugar, se trata de un edificio bien construido durante la Segunda República y cumplió como prisión a lo largo de 75 años. Las distintas plantillas que lo fueron atendiendo sucesivamente tienen el mérito de haber ejercido su difícil misión a pesar de algunas carencias existentes en el mismo cuando los viejos tiempos, principalmente en lo que respecta a falta de personal, escasez de medidas de seguridad e incluso deficiencias sanitarias. Lo más positivo es que, sin detrimento del respeto mutuo y la disciplina, internos y funcionarios eran en general como una familia, a veces mal avenida, cuando la época de los motines, pero familia al fin y al cabo. A diferencia de los macro centros penitenciarios de la actualidad en los que no se conocen los compañeros entre sí, ni estando de servicio el mismo día.
Tenía también la gran ventaja de estar en la misma capital, lo cual era beneficioso para aquellos que por cualquier circunstancia tenían algo que ver con el mismo, además de los funcionarios: familiares de internos, abogados, profesionales de la Justicia o Seguridad. Se puede decir que formaba parte del entorno urbano y que era algo nuestro, incluso como si la reinserción social de los allí acogidos estuviera más cerca y más posible. No podía ser de otra manera, eran nuestros vecinos.
Por lo tanto, se insiste en que no todo fue negativo en nuestra vieja cárcel. Lo que sucede es que el morbo de lo malo parece más perdurable, pero afortunadamente hubo más de bueno que de lo otro, hasta el extremo de no dársele importancia a tal asunto, porque era lo rutinario. Era el fruto de una labor silenciosa ejercida por unos y de un comportamiento generalmente normal observado por otros. Lo incidental, por su escasez, era lo anómalo que, salvo alguna situación tristemente luctuosa, siempre se resolvía satisfactoriamente.
Para terminar, resaltar ese detalle del escudo de la República situado en el frontispicio de la puerta principal respetado por unos y por otros a través del tiempo. Es de esperar que dicho escudo se mantenga como símbolo de que la convivencia ideológica es posible dentro y fuera de la cárcel. Sólo hay que tener buena voluntad.
Adiós pues a la vieja cárcel de Granada y que la nueva de Albolote sepa llevar también la pesada carga de la justicia, como la anterior.