Ahora que con motivo de las próximas fiestas navideñas comienza la fiebre de los regalos y ante la cual no hay vacuna posible, es justo plantearse algunas preguntas: ¿quién regala a los Reyes Magos? ¿Qué se les puede regalar? Sirvan pues estas líneas para dar una respuesta creíble a las mismas. Casi todo el mundo sabe que hay dos clases de Reyes Magos, los fijos y los eventuales, y sin quitarle méritos ni protagonismo a los segundos, que felizmente aparecen una vez al año por estas fechas, creo que los mejores reyes son los abuelos y abuelas, quienes llevan muchos años de práctica en tal menester haciendo de todo, constantemente y sin que nadie les escriba pidiendo cosas, pues ya las dan adelantándose siempre a los deseos de sus seres queridos. Son como el sastre del Campillo, que ponía la aguja, la tela y el ovillo. En cuanto a los pobres abuelos que no lo puedan hacer en la medida de sus deseos, por circunstancias adversas de cualquier tipo, no es pues debido a la falta de voluntad, sino que por el contrario se quedan con esa frustración, añadiendo un sufrimiento más a los que ya padecen; pero todos ellos, como Reyes Magos que son desde siempre, se merecen sus regalos más que nadie.
Por otra parte, no son regalos materiales lo que necesitan y se conforman con muy poco, que para ellos es mucho: un abrazo, una sonrisa, algún beso, un rato de compañía, escucharles de vez en cuando aunque sea poco; algún detalle de afecto; todo ello constituye el mejor regalo que se les puede hacer. Demostrarles de alguna manera que no están solos ante su soledad, que se sientan útiles, aunque algunos no puedan hacer nada, porque ya lo han hecho todo y han cumplido plenamente con sus deberes. Perdonarles también sus rabietas, sus prejuicios y sus incomodidades. No juzgarles pues por las arrugas de su piel, hacerlo siempre a través del sentimiento de su corazón, pensando que la vida no ha sido fácil con ellos, sino todo lo contrario y que tenerlos todavía es, además de un milagro, el mejor regalo que el Rey Mago Universal puede hacer, mientras se tienen y se cuidan a estos Reyes Magos humanos. Además se trata de regalos de ida y vuelta, pues haciéndolo se da ejemplo en el entorno familiar y ya se sabe que donde se siembra se recoge, con el paso de los años, seguro y abundante.
martes, 15 de diciembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Propuesta ecológica
En la zona peri-urbana montañosa de Granada, situada entre el barranco de las Cuevas de Reverte y el llamado barranco de la Fuente de la leche, en la margen derecha del río Darro, aparte del conocido cerro de San Miguel, cuya cima está ocupada actualmente por la antena de transmisiones del Ejército, se encuentran media docena de montes olvidados como son el cerro de Reverte, el Manflor, el del Pajarillo, el de los Pinos, el monte Jate y el de la Huelga, fluctuantes todos ellos entre los mil y casi mil cien metros de altitud y con desniveles sobre el casco urbano granadino entre 350 a 400 metros aproximadamente. Dichos lugares son dignos de ser conocidos porque contienen recovecos o rincones escondidos, paraísos de paz y de silencio, así como paisajes prácticamente inéditos a muy poco tiempo del tráfago insoportable de Granada. Tienen también la ventaja añadida de que la mayor parte de su vegetación es autóctona mediterránea, alternando pinos con encinas. Por otra parte, además de los citados barrancos anteriores, tenemos el arroyo del Hornillo y el del Teatino, no faltando tampoco algún manantial que otro para disfrute de quienes conocen su entorno, aparte de pastores o lugareños.
Así como la orografía de enfrente, formada por el Parque de Invierno, el Llano de la Perdiz y el cerro del Sol, es muy conocida y frecuentada, la de esta otra parte es prácticamente desconocida y, por lo tanto, se halla más protegida, teniendo un porcentaje óptimo en cuanto a conservación medioambiental. Dicha zona peri-urbana tan cerca de Granada, con alguno de sus parajes casi vírgenes de visitantes y que es lo único próximo que mantiene todavía el atractivo de la naturaleza del pasado, parece ser que corre grave riesgo, como ya le está sucediendo a la moribunda Vega, cuando se produzca la conexión entre la autovía A-92 y la autovía hacia la costa por medio de una red comunicante, incluyendo algún túnel, previsto hacerla por estos lugares, con la consiguiente proliferación de urbanizaciones venideras y algún que otro incendio, más o menos intencionado, según costumbre. Bendito sea el progreso y la utilidad social siempre y cuando, en la medida de lo posible, se cuide también el derecho a la vida de la naturaleza allí donde se encuentre, sin poner en peligro de extinción rincones tan bellos, además de los citados, como Jesús del Valle, el valle de Belén y el curso alto del río Darro. Por eso se propone a todos aquéllos que quieran comprobar lo existente en la actualidad que lo hagan antes de que desaparezca, ya sea desde el camino que conduce a Jesús del Valle o bien desde el Fargue, que constituye su límite norte. Cuando lo conozcan que lo disfruten y respeten, como se ha hecho hasta ahora.
Así como la orografía de enfrente, formada por el Parque de Invierno, el Llano de la Perdiz y el cerro del Sol, es muy conocida y frecuentada, la de esta otra parte es prácticamente desconocida y, por lo tanto, se halla más protegida, teniendo un porcentaje óptimo en cuanto a conservación medioambiental. Dicha zona peri-urbana tan cerca de Granada, con alguno de sus parajes casi vírgenes de visitantes y que es lo único próximo que mantiene todavía el atractivo de la naturaleza del pasado, parece ser que corre grave riesgo, como ya le está sucediendo a la moribunda Vega, cuando se produzca la conexión entre la autovía A-92 y la autovía hacia la costa por medio de una red comunicante, incluyendo algún túnel, previsto hacerla por estos lugares, con la consiguiente proliferación de urbanizaciones venideras y algún que otro incendio, más o menos intencionado, según costumbre. Bendito sea el progreso y la utilidad social siempre y cuando, en la medida de lo posible, se cuide también el derecho a la vida de la naturaleza allí donde se encuentre, sin poner en peligro de extinción rincones tan bellos, además de los citados, como Jesús del Valle, el valle de Belén y el curso alto del río Darro. Por eso se propone a todos aquéllos que quieran comprobar lo existente en la actualidad que lo hagan antes de que desaparezca, ya sea desde el camino que conduce a Jesús del Valle o bien desde el Fargue, que constituye su límite norte. Cuando lo conozcan que lo disfruten y respeten, como se ha hecho hasta ahora.
lunes, 26 de octubre de 2009
No hay mal que por bien no venga. La ermita del Cristo del zapato.
Señor Director de IDEAL.- La ermita del Cristo del zapato sigue destruida desde que hace aproximadamente un par de años un rayo le cayera encima. Actualmente su entorno es desolador, pues a la nefasta obra de la naturaleza hay que añadir la suciedad ambiental compuesta entre otras materias por plásticos, papeles, latas, botellas, etc. Bien es verdad que la mayor parte de esos papeles contienen peticiones y plegarias y se encuentran sujetos con piedras, pero otros están por allí sueltos revoloteando, incrementando con ello la sensación de abandono. No sé el por qué, pero tenía entendido que después del citado incidente atmosférico había sido reconstruida recientemente. Desgraciadamente no es así, por ahora, aunque parece ser que su rehabilitación está en marcha. De momento aquello se asemeja a la consecuencia de un fuerte terremoto.
En cambio, lo que sí se ha reformado es el sendero que conduce hasta la ermita desde Pinos del Valle. Se ha ensanchado con el objetivo de facilitar el transporte de los medios y materiales de reconstrucción, pero, por otro lado, la subida de la anterior vereda era más cómoda y fácil para los caminantes, ya que entre repecho y repecho había zonas llanas en donde se podía recuperar el resuello. De momento, por el contrario, es todo una ascensión continua, con lo que la penitencia de los visitantes será mayor a partir de ahora. Bienvenida sea dicha penitencia si al llegar arriba se viera la ermita bien terminada, como se merece el Cristo del zapato, y con las medidas de seguridad adecuadas para que no le vuelva a suceder lo mismo, pues no se olvide que, como hombre que también es se habrá llevado un buen susto. ¿Por qué no? Por tal motivo quizá, parece como si al paisaje le faltara algo o alguien, mientras no se le reconstruya su casa, que también es la nuestra.
Conviene recordar además, que la anterior ermita se hizo acarreando los materiales a fuerza de mulas o burros y con los precarios medios disponibles en aquel entonces. Esperemos pues que con los modernos medios de ahora la próxima no se demore mucho y que el resultado final sea digno de quien la va a ocupar y de sus numerosos devotos. Es posible también que lo del rayo sucediese para poner a prueba la reacción y la fe de los mismos. Por eso hay que decir una vez más aquello de “nunca hay mal que por bien no venga”. En este caso queda sólo esperar su cumplimiento.
En cambio, lo que sí se ha reformado es el sendero que conduce hasta la ermita desde Pinos del Valle. Se ha ensanchado con el objetivo de facilitar el transporte de los medios y materiales de reconstrucción, pero, por otro lado, la subida de la anterior vereda era más cómoda y fácil para los caminantes, ya que entre repecho y repecho había zonas llanas en donde se podía recuperar el resuello. De momento, por el contrario, es todo una ascensión continua, con lo que la penitencia de los visitantes será mayor a partir de ahora. Bienvenida sea dicha penitencia si al llegar arriba se viera la ermita bien terminada, como se merece el Cristo del zapato, y con las medidas de seguridad adecuadas para que no le vuelva a suceder lo mismo, pues no se olvide que, como hombre que también es se habrá llevado un buen susto. ¿Por qué no? Por tal motivo quizá, parece como si al paisaje le faltara algo o alguien, mientras no se le reconstruya su casa, que también es la nuestra.
Conviene recordar además, que la anterior ermita se hizo acarreando los materiales a fuerza de mulas o burros y con los precarios medios disponibles en aquel entonces. Esperemos pues que con los modernos medios de ahora la próxima no se demore mucho y que el resultado final sea digno de quien la va a ocupar y de sus numerosos devotos. Es posible también que lo del rayo sucediese para poner a prueba la reacción y la fe de los mismos. Por eso hay que decir una vez más aquello de “nunca hay mal que por bien no venga”. En este caso queda sólo esperar su cumplimiento.
lunes, 5 de octubre de 2009
Adios a la vieja cárcel
Como funcionario de Instituciones Penitenciarias, ya jubilado, y habiendo estado de servicio durante muchos años en el centro penitenciario de Granada, recientemente clausurado, valgan estas líneas como recuerdo y despedida a dicho centro. Dice un refrán aquello de “todo es acostumbrarse, cariño le toma el preso a las rejas de su cárcel” y aunque en este caso escribo como ex – funcionario, no tengo más remedio que admitir que algo de eso hay y algo de eso se contagia. También se dice que del roce nace el cariño y en nombre de tal afecto debo manifestar que no todo fue negativo en la antigua cárcel de Granada. En primer lugar, se trata de un edificio bien construido durante la Segunda República y cumplió como prisión a lo largo de 75 años. Las distintas plantillas que lo fueron atendiendo sucesivamente tienen el mérito de haber ejercido su difícil misión a pesar de algunas carencias existentes en el mismo cuando los viejos tiempos, principalmente en lo que respecta a falta de personal, escasez de medidas de seguridad e incluso deficiencias sanitarias. Lo más positivo es que, sin detrimento del respeto mutuo y la disciplina, internos y funcionarios eran en general como una familia, a veces mal avenida, cuando la época de los motines, pero familia al fin y al cabo. A diferencia de los macro centros penitenciarios de la actualidad en los que no se conocen los compañeros entre sí, ni estando de servicio el mismo día.
Tenía también la gran ventaja de estar en la misma capital, lo cual era beneficioso para aquellos que por cualquier circunstancia tenían algo que ver con el mismo, además de los funcionarios: familiares de internos, abogados, profesionales de la Justicia o Seguridad. Se puede decir que formaba parte del entorno urbano y que era algo nuestro, incluso como si la reinserción social de los allí acogidos estuviera más cerca y más posible. No podía ser de otra manera, eran nuestros vecinos.
Por lo tanto, se insiste en que no todo fue negativo en nuestra vieja cárcel. Lo que sucede es que el morbo de lo malo parece más perdurable, pero afortunadamente hubo más de bueno que de lo otro, hasta el extremo de no dársele importancia a tal asunto, porque era lo rutinario. Era el fruto de una labor silenciosa ejercida por unos y de un comportamiento generalmente normal observado por otros. Lo incidental, por su escasez, era lo anómalo que, salvo alguna situación tristemente luctuosa, siempre se resolvía satisfactoriamente.
Para terminar, resaltar ese detalle del escudo de la República situado en el frontispicio de la puerta principal respetado por unos y por otros a través del tiempo. Es de esperar que dicho escudo se mantenga como símbolo de que la convivencia ideológica es posible dentro y fuera de la cárcel. Sólo hay que tener buena voluntad.
Adiós pues a la vieja cárcel de Granada y que la nueva de Albolote sepa llevar también la pesada carga de la justicia, como la anterior.
Tenía también la gran ventaja de estar en la misma capital, lo cual era beneficioso para aquellos que por cualquier circunstancia tenían algo que ver con el mismo, además de los funcionarios: familiares de internos, abogados, profesionales de la Justicia o Seguridad. Se puede decir que formaba parte del entorno urbano y que era algo nuestro, incluso como si la reinserción social de los allí acogidos estuviera más cerca y más posible. No podía ser de otra manera, eran nuestros vecinos.
Por lo tanto, se insiste en que no todo fue negativo en nuestra vieja cárcel. Lo que sucede es que el morbo de lo malo parece más perdurable, pero afortunadamente hubo más de bueno que de lo otro, hasta el extremo de no dársele importancia a tal asunto, porque era lo rutinario. Era el fruto de una labor silenciosa ejercida por unos y de un comportamiento generalmente normal observado por otros. Lo incidental, por su escasez, era lo anómalo que, salvo alguna situación tristemente luctuosa, siempre se resolvía satisfactoriamente.
Para terminar, resaltar ese detalle del escudo de la República situado en el frontispicio de la puerta principal respetado por unos y por otros a través del tiempo. Es de esperar que dicho escudo se mantenga como símbolo de que la convivencia ideológica es posible dentro y fuera de la cárcel. Sólo hay que tener buena voluntad.
Adiós pues a la vieja cárcel de Granada y que la nueva de Albolote sepa llevar también la pesada carga de la justicia, como la anterior.
viernes, 25 de septiembre de 2009
¿Para cuándo?
Parece ser que cierta representación municipal granadina visitó Burdeos hace tiempo con el objeto de observar su moderno método de transporte público por si el mismo pudiera ser viable en nuestra ciudad. Como consecuencia de aquello, ya que aquí se piensa imitar en parte a la referida Burdeos en cuanto al metro – tranvía del que algún día llegaremos a disfrutar, aunque por ahora su parto nos esté resultando algo doloroso, imitémosla también en lo referente a la exaltación de dicha ciudad francesa con el grandioso monumento dedicado a los girondinos, representantes suyos en Paris durante la Revolución francesa y que fueron traicioneramente asesinados por los jacobinos.
En tal sentido, motivos y personajes en Granada tenemos más que suficientes y más actuales, con la circunstancia añadida de haberle dado alguno de ellos a nuestra capital un renombre mayor del que ya tenía y por lo cual se encuentra en deuda con él, debiendo agradecerle a Federico García Lorca, a quien se refieren estas líneas, el que no sólo sea conocida por la Alhambra sino también por el brillo de su figura universal.
Independientemente de que el resultado de las exhumaciones tuviera el éxito deseable en el lugar en que se encuentran los restos del poeta, junto con los de sus compañeros de martirio, no estaría de más el ir pensando, mientras tanto, en levantar un monumento en Granada para García Lorca y sus compañeros. El tema económico para sufragar el mismo, además de otras posibles ayudas públicas, se solventaría mediante suscripción popular, pues García Lorca se lo merece por parte de sus paisanos, siendo su figura y su obra muy queridas en esta tierra que le vio nacer y morir. Admitida esta cuestión, los lugares en donde se ubicaría tal monumento podrían ser varios, tema en el que el que suscribe no pretende opinar demasiado por no ser erudito en asuntos de arte y urbanismo.
Desde luego, como es lógico, sería en Granada capital, por ejemplo en alguna rotonda o por las proximidades del parque que ostenta su nombre. Es cuestión de estudiar el proyecto. Lo más importante es que tendría que situarse en un sitio fácilmente accesible y frecuentado, aparte de tener unas dimensiones dignas de los méritos de su figura y de las circunstancias de su triste e injusto final. ¿Para cuando pues su monumento? Es decir, el nuestro. El de todos.
En tal sentido, motivos y personajes en Granada tenemos más que suficientes y más actuales, con la circunstancia añadida de haberle dado alguno de ellos a nuestra capital un renombre mayor del que ya tenía y por lo cual se encuentra en deuda con él, debiendo agradecerle a Federico García Lorca, a quien se refieren estas líneas, el que no sólo sea conocida por la Alhambra sino también por el brillo de su figura universal.
Independientemente de que el resultado de las exhumaciones tuviera el éxito deseable en el lugar en que se encuentran los restos del poeta, junto con los de sus compañeros de martirio, no estaría de más el ir pensando, mientras tanto, en levantar un monumento en Granada para García Lorca y sus compañeros. El tema económico para sufragar el mismo, además de otras posibles ayudas públicas, se solventaría mediante suscripción popular, pues García Lorca se lo merece por parte de sus paisanos, siendo su figura y su obra muy queridas en esta tierra que le vio nacer y morir. Admitida esta cuestión, los lugares en donde se ubicaría tal monumento podrían ser varios, tema en el que el que suscribe no pretende opinar demasiado por no ser erudito en asuntos de arte y urbanismo.
Desde luego, como es lógico, sería en Granada capital, por ejemplo en alguna rotonda o por las proximidades del parque que ostenta su nombre. Es cuestión de estudiar el proyecto. Lo más importante es que tendría que situarse en un sitio fácilmente accesible y frecuentado, aparte de tener unas dimensiones dignas de los méritos de su figura y de las circunstancias de su triste e injusto final. ¿Para cuando pues su monumento? Es decir, el nuestro. El de todos.
Reconocimiento universitario
Ahora que comienza un nuevo curso de la Universidad para mayores, a través del Aula Permanente de Formación Abierta, creo que sería la oportunidad adecuada durante el transcurso del mismo, para organizar por mediación de sus componentes, así como por parte de los socios de Ofecum (Oferta Cultural para Mayores Universitarios) y Aluma (Asociación del Aula de Mayores) ambas instituciones derivadas como consecuencia de la primera, un merecido acto de reconocimiento público hacia su principal creador, Don Miguel Guirao Gea, catedrático de la Facultad de Medicina, y a sus colaboradores inmediatos, quienes hicieron de dicha Facultad un fraternal abrazo para la pléyade de mayores con inquietudes universitarias, creativas o culturales en general, sobre todo hacia aquellos que, por circunstancias adversas de su vida, no tuvieron la oportunidad de poder hacerlo a su debido tiempo.
Dicho abrazo universitario ofrecido generosamente a los mayores se fue contagiando posteriormente a otras Facultades, convirtiéndose en normal una actividad que antes no existía y que empezó siendo algo excepcional. Por eso, como en Granada el principal valedor de tal milagro, así como por su acendrada dedicación para la consolidación del mismo durante muchos años, ha sido y es Don Miguel Guirao, creo que se merece alguna forma de reconocimiento social por parte de sus alumnos y ex alumnos, ellos y ellas, incluidos los llamados por él afectuosamente como “repetidores”.
Se trata de compensarle, aunque sólo sea simbólicamente, por todas las incomodidades y esfuerzos asumidos personalmente como consecuencia de su obra, a través de la cual se ha constituido una gran familia, quien debe demostrar que en cierta medida se encuentra en deuda con él. Agradecimiento que habría que hacer extensivo también a sus colaboradores, como igualmente a las Facultades de este Distrito Universitario que tan incondicionalmente nos prestan sus recintos y sus clases para ejercer nuestra labor, que sin su ayuda sería imposible.
Quiero terminar pidiéndole a Don Miguel que excuse el atrevimiento al pretender por medio de estas líneas, tal proposición. Como persona sencilla que es, espero que la acepte considerándola como un gesto de afecto colectivo, pues seguro será compartido por todas aquéllas personas participantes con anterioridad en dichas asociaciones o pertenecientes actualmente a las mismas y que por consiguiente se sientan beneficiarias por su generoso comportamiento con los mayores universitarios.
F.D.O. Juan Francisco Aceña Caballero
Ex-alumno del Aula Permanente y socio de Aluma
Dicho abrazo universitario ofrecido generosamente a los mayores se fue contagiando posteriormente a otras Facultades, convirtiéndose en normal una actividad que antes no existía y que empezó siendo algo excepcional. Por eso, como en Granada el principal valedor de tal milagro, así como por su acendrada dedicación para la consolidación del mismo durante muchos años, ha sido y es Don Miguel Guirao, creo que se merece alguna forma de reconocimiento social por parte de sus alumnos y ex alumnos, ellos y ellas, incluidos los llamados por él afectuosamente como “repetidores”.
Se trata de compensarle, aunque sólo sea simbólicamente, por todas las incomodidades y esfuerzos asumidos personalmente como consecuencia de su obra, a través de la cual se ha constituido una gran familia, quien debe demostrar que en cierta medida se encuentra en deuda con él. Agradecimiento que habría que hacer extensivo también a sus colaboradores, como igualmente a las Facultades de este Distrito Universitario que tan incondicionalmente nos prestan sus recintos y sus clases para ejercer nuestra labor, que sin su ayuda sería imposible.
Quiero terminar pidiéndole a Don Miguel que excuse el atrevimiento al pretender por medio de estas líneas, tal proposición. Como persona sencilla que es, espero que la acepte considerándola como un gesto de afecto colectivo, pues seguro será compartido por todas aquéllas personas participantes con anterioridad en dichas asociaciones o pertenecientes actualmente a las mismas y que por consiguiente se sientan beneficiarias por su generoso comportamiento con los mayores universitarios.
F.D.O. Juan Francisco Aceña Caballero
Ex-alumno del Aula Permanente y socio de Aluma
Pequeños detalles
Desde un tiempo a esta parte, a través de la televisión se nos hace por el gobierno una serie de recomendaciones y consejos acerca de variados aspectos. No se puede dudar de su buena voluntad al realizar tales campañas, pero ¿tan torpes somos para decirnos una y otra vez lo que tenemos que hacer? ¿Sirven dichos consejos para algo? Personalmente, como nunca he creído en el amor de ningún gobierno hacia sus ciudadanos, salvo el de Hacienda que nos abraza a todos, pienso que se trata de cuñas publicitarias con el objeto de influir en la vida privada de las personas.
Actualmente algunos de esos mensajes nos animan a consumir porque, al parecer, hay que compensar la crisis económica, aunque sea gastando el dinero que no se tiene y aparentando una felicidad pasajera a base de parches, provocando la euforia momentánea, la evasión ficticia cuando no se tiene confianza en el futuro; algo así como la actitud del avestruz al esconder la cabeza debajo del ala, mientras vienen tiempos mejores.
Nadie nos va a descubrir el Mediterráneo y menos en ciertos temas, aparte de que el “paternalismo” estatal debiera quedarse solamente para determinada clase de regímenes políticos, que gracias a nuestra democracia no es el caso de este país. Mucho más temible que una crisis económica sería siempre una crisis de libertad, y aquí seguiremos siendo libres aunque lleguemos a ser pobres; por lo tanto, nos conviene observar esos pequeños detalles paternalistas porque con la excusa de nuestro bienestar, unas veces por motivos sexuales, otras por el tráfico y otras por cualquier causa que sea, pues todo vale, se nos va interfiriendo en nuestra capacidad de decisión personal y llegará el día en que no nos podamos mover sin nuestro “padre protector”. Al respecto, aunque tenga dudas razonables, que se sepa los ciudadanos no estamos metidos de momento, en ninguna especie de “gran hermano”; aun así y todo, y por si acaso, haciendo uso del derecho que me corresponde como ciudadano libre, nomino a ese posible aspirante a ser “padre” con todos los puntos disponibles, pro tratarnos como a unos inmaduros y por gastar el dinero público en dicho empeño innecesario, porque a pesar de cierta clase de televisión, todavía queda gente normal responsable de sus actos: la mayoría. Y con la mayoría no hay quien pueda.
Actualmente algunos de esos mensajes nos animan a consumir porque, al parecer, hay que compensar la crisis económica, aunque sea gastando el dinero que no se tiene y aparentando una felicidad pasajera a base de parches, provocando la euforia momentánea, la evasión ficticia cuando no se tiene confianza en el futuro; algo así como la actitud del avestruz al esconder la cabeza debajo del ala, mientras vienen tiempos mejores.
Nadie nos va a descubrir el Mediterráneo y menos en ciertos temas, aparte de que el “paternalismo” estatal debiera quedarse solamente para determinada clase de regímenes políticos, que gracias a nuestra democracia no es el caso de este país. Mucho más temible que una crisis económica sería siempre una crisis de libertad, y aquí seguiremos siendo libres aunque lleguemos a ser pobres; por lo tanto, nos conviene observar esos pequeños detalles paternalistas porque con la excusa de nuestro bienestar, unas veces por motivos sexuales, otras por el tráfico y otras por cualquier causa que sea, pues todo vale, se nos va interfiriendo en nuestra capacidad de decisión personal y llegará el día en que no nos podamos mover sin nuestro “padre protector”. Al respecto, aunque tenga dudas razonables, que se sepa los ciudadanos no estamos metidos de momento, en ninguna especie de “gran hermano”; aun así y todo, y por si acaso, haciendo uso del derecho que me corresponde como ciudadano libre, nomino a ese posible aspirante a ser “padre” con todos los puntos disponibles, pro tratarnos como a unos inmaduros y por gastar el dinero público en dicho empeño innecesario, porque a pesar de cierta clase de televisión, todavía queda gente normal responsable de sus actos: la mayoría. Y con la mayoría no hay quien pueda.
Podemos
El himno español que es el más libre de todos los himnos, pues al no tener letra, cada uno le puede poner al cantarlo o al escucharlo, la letra personal que más le guste, ya tiene un hermano que le hace la competencia. Gracias al fútbol personificado por Luís Aragonés y su equipo representante español en la Eurocopa, se puede decir: “a por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos oé, oé, oé – podemos”. Sorprendentemente se ha producido en estos días el milagro de que España a descubierto a los españoles y estos han descubierto España. Sobre todo la gente joven. El amor patrio ha despertado de sus cenizas, encendiendo el fervor de las multitudes, como una especie de Dos de Mayo espontáneo, incruento y deportivo. Lo que hace falta a partir de ahora es canalizar ese entusiasmo patriótico para resolver la crisis económica que se nos viene encima, demostrando ser ciudadanos cívicos y responsables, cada uno con su buen quehacer diario y en su comportamiento familiar o social.
Lo fácil lo sabemos hacer muy bien, que es gritar y armar follón cuando nos desborda la alegría por cualquier motivo, sin embargo, en cuanto al cumplimiento de las obligaciones respectivas, ya lo tenemos más difícil; ciertamente que en esto último también se puede hacer patria y demostrar que somos tan españoles como en lo otro. A la vista está que la famosa furia española es capaz de cualquier cosa y ahora, pasada la fiebre de la Eurocopa, tenemos ocasión de comprobarlo haciendo frente a dicha crisis con laboriosidad, solidaridad y honradez. España nos lo agradecerá igual que los vivas, gritos y banderas acompañantes, pues no podemos olvidar aquello de “obras son amores y no buenas razones”: así que referente a la situación económica actual, gritemos con el mismo entusiasmo que con respecto al fútbol: “A por la crisis, oeee, a por la crisis, oeee - ¡ Podemos ¡” Y seguro que ganamos por goleada.
Lo verdaderamente práctico es hacer frente a la realidad y no pretender evadirnos de ella con sueños e ilusiones por muy importantes que éstas sean. Así que una vez más: ¡Podemos ¡
Lo fácil lo sabemos hacer muy bien, que es gritar y armar follón cuando nos desborda la alegría por cualquier motivo, sin embargo, en cuanto al cumplimiento de las obligaciones respectivas, ya lo tenemos más difícil; ciertamente que en esto último también se puede hacer patria y demostrar que somos tan españoles como en lo otro. A la vista está que la famosa furia española es capaz de cualquier cosa y ahora, pasada la fiebre de la Eurocopa, tenemos ocasión de comprobarlo haciendo frente a dicha crisis con laboriosidad, solidaridad y honradez. España nos lo agradecerá igual que los vivas, gritos y banderas acompañantes, pues no podemos olvidar aquello de “obras son amores y no buenas razones”: así que referente a la situación económica actual, gritemos con el mismo entusiasmo que con respecto al fútbol: “A por la crisis, oeee, a por la crisis, oeee - ¡ Podemos ¡” Y seguro que ganamos por goleada.
Lo verdaderamente práctico es hacer frente a la realidad y no pretender evadirnos de ella con sueños e ilusiones por muy importantes que éstas sean. Así que una vez más: ¡Podemos ¡
La última marcha
Bravo león montañero al fin herido
Por los años que no por las montañas
Cada herida será de tus hazañas
La nostalgia del ángel ya vencido.
Navegante mirada se ha perdido
Del pasado horizonte los senderos
Solitario quedó sin compañeros
Corazón apresado en el latido
Las altivas amantes ahora han sido
Tribunal sobre su ánimo, sentencia
A penar en las sombras del olvido
Sólo quedan de su anterior presencia
Los clamores del viento dolorido
Con las huellas testigos de su ausencia.
Por los años que no por las montañas
Cada herida será de tus hazañas
La nostalgia del ángel ya vencido.
Navegante mirada se ha perdido
Del pasado horizonte los senderos
Solitario quedó sin compañeros
Corazón apresado en el latido
Las altivas amantes ahora han sido
Tribunal sobre su ánimo, sentencia
A penar en las sombras del olvido
Sólo quedan de su anterior presencia
Los clamores del viento dolorido
Con las huellas testigos de su ausencia.
Primavera pero menos
Los jardines de la plaza de Gran Capitán se asemejan cada vez más a una pequeña sucursal de la selva amazónica, incluso no les falta su correspondiente “indígena” saliendo entre el ramaje. Las solitarias “flores de pato” o “calas” que allí se encuentran se muestran como tristes y apagadas, parece que les faltara algo o les sobrara todo. Si estuvieran rodeadas de menos follaje y de más flores, seguramente que tendrían otro aspecto más optimista y la plaza, por supuesto, se lo agradecería. Se echa de menos por lo tanto, no solo en el macizo central sino también en los parterres laterales esa variedad de colores naturales, propios del mes de mayo, que se observa en otros jardines menos transitados. Creo que los numerosos viandantes que pasan por allí, así comos los vecinos del barrio, se merecen algo más alegre, principalmente la pobre estatua de la mujer que allí aparece; evidentemente le falta, como al entorno en que se encuentra, la florida sonrisa de la primavera. Se trata, según reza dicho monumento, el dedicado por la ciudad de Granada “a las mujeres jóvenes del siglo XXI”, pero, empezando porque las mismas tienen ahora, las que más ocho o nueve años y les queda tiempo todavía para ser jóvenes; continuando porque todas ellas, habidas y por haber, son dignas de algo más serio o respetuoso que lo existente, y terminando porque habría añadir además la patente falta de flores y su cuidado necesario. Está claro que, como consecuencia de lo anterior, Granada debiera ser más generosa con las “mujeres jóvenes del siglo XXI” y de todos los tiempos, de forma que, de no cambiar tal monumento en su versión actual, si, por lo menos, hermosearlo en la medida de lo posible haciendo más compatible la dignidad del nombre de Granada con la de la imagen hacia quien va dirigido.
Por todo ello, sería deseable que de aquí al próximo año haya tiempo suficiente para subsanar dichas carencias, sustituyendo las enormes lechugas selváticas de ahora por mayor número de rosas, así como más variedad de flores, pues las mujeres de cualquier época y edad son acreedoras a dicho regalo, sobre todo si las destinatarias son jóvenes. No hay más que verlas en primavera para comprenderlo. Son el camino de la vida y la cuna de la naturaleza humana; una plaza llena de flores para ellas, por favor. Y que las respeten.
Por todo ello, sería deseable que de aquí al próximo año haya tiempo suficiente para subsanar dichas carencias, sustituyendo las enormes lechugas selváticas de ahora por mayor número de rosas, así como más variedad de flores, pues las mujeres de cualquier época y edad son acreedoras a dicho regalo, sobre todo si las destinatarias son jóvenes. No hay más que verlas en primavera para comprenderlo. Son el camino de la vida y la cuna de la naturaleza humana; una plaza llena de flores para ellas, por favor. Y que las respeten.
Secreto geográfico
Dentro del Valle de Lecrín, ese lugar con un magnetismo especial, inexplicable pero real, se encuentra El Chite. Dicho pueblo constituye la proa del Valle en forma de casas blancas que corta el viento, conocido por los lugareños como la “marea”. Proa encalada y altiva que a falta del mar que le niegan las montañas circundantes, sueña con navegar por ese mar de juguete llamado pantano de Beznar. Este lugar privilegiado se encuentra en el centro de una colección de paisajes que, como la tramoya de un teatro, no son los mismos todos los días, cambiando según los caprichos de la atmósfera. Inmerso en un permanente baño de naranjos y limoneros, actualmente, merced a la energía eólica, se adorna con modernos molinos de viento a un lado y al otro del entorno, tal que alas para volar, uniéndose así también a la “marea” del progreso, si no como barco navegante, si por lo menos como barco volador de sueños por un futuro mejor.
Reflejado el escenario, pasemos ahora a los personajes: la gente del Valle de Lecrín, en general, y las de Chite en particular son gente abierta, alegre y acogedora, incluso con los desconocidos, como he podido constatar personalmente. No podía ser de otra manera al vivir en tal sitio abierto hacia el mar, aunque la naturaleza, celosa guardiana de su querido valle, se lo oculte para evitarle aventuras y veleidades. En tal sentido, como diría Rafael Alberti, son marineros en tierra, que hubieran sido grandes navegantes si hubieran tenido un gran mar; de este imposible pero cercano mar, solamente reciben el saludo vivificador del ya mencionado viento la “marea”, que al mezclarse con el perfume de naranjos y limoneros revitaliza el pensamiento y el corazón, de ahí el carácter de su gente y su atractivo para aquellos viajeros que tienen la suerte de descubrirlo alguna vez, como una sorpresa inesperada en el camino.
Reflejado el escenario, pasemos ahora a los personajes: la gente del Valle de Lecrín, en general, y las de Chite en particular son gente abierta, alegre y acogedora, incluso con los desconocidos, como he podido constatar personalmente. No podía ser de otra manera al vivir en tal sitio abierto hacia el mar, aunque la naturaleza, celosa guardiana de su querido valle, se lo oculte para evitarle aventuras y veleidades. En tal sentido, como diría Rafael Alberti, son marineros en tierra, que hubieran sido grandes navegantes si hubieran tenido un gran mar; de este imposible pero cercano mar, solamente reciben el saludo vivificador del ya mencionado viento la “marea”, que al mezclarse con el perfume de naranjos y limoneros revitaliza el pensamiento y el corazón, de ahí el carácter de su gente y su atractivo para aquellos viajeros que tienen la suerte de descubrirlo alguna vez, como una sorpresa inesperada en el camino.
Semaforing
Ahora que se acercan las Olimpiadas, a celebrar en China durante el presente año, es la ocasión propicia para resaltar uno de los ejercicios físicos que más se practica y que pasa injustamente desapercibido. Se trata de aquel que se realiza por todo el mundo, cualquiera que sea su edad, clase o condición y varias veces a lo largo del día, todos los días: Me refiero al acto urbano de cruzar los semáforos y pasos de cebra, algunos de los cuales hay que pasarlos a paso ligero o al trote, siempre y cuando haya semáforo y éste se encuentre en verde, porque para cruzar los otros, suponiendo que las rayas blancas sean visibles, a veces hay que encomendarse a Dios o al diablo antes de intentarlo. En este caso, además de ejercicio físico, existe también la emoción del riesgo, pues nunca se sabe lo que va a hacer el contrario, es decir, los vehículos, ya que aunque respeten el ceda el paso, hay que contar con que haya unanimidad en todos ellos y no venga el listo o despistado de turno que te lleve por delante. En cualquier caso, como nunca se puede confiar, siempre se cruza con miedo.
Por otra parte, en algunos semáforos y para esperar a que se pongan verdes, da tiempo suficiente a descansar de lo s anteriores, pues aunque existe un botón para cambiarlos de color, el dichoso botón debe ser un adorno inútil o está averiado o se trata más bien de una broma, porque si no, no se explica. En otros semáforos, cuando por fin se puede pasar, hay que hacerlo en plan olímpico, por lo que las personas se van atropellando unas a otras, instintivamente nerviosas como náufragos en el tráfico, para ponerse a salvo. Indudablemente que al final del día a fuerza de salvar semáforos o pasos de cebra, se termina agotado y con los nervios deshechos, igual que los mejores atletas olímpicos al final de una competición. Por todo ello, por su práctica generalizada a todos los niveles, por su cotidianeidad y por la emoción del riesgo que implica ejercitarlo, creo que es de justicia proponer que el semáforing o cruce de semáforos y pasos de cebra, debiera ser considerado, a partir de ahora y aprovechando la ocasión de las próximas olimpiadas, como un auténtico deporte olímpico de los más populares, pues sin duda alguna, reúne todas las condiciones necesarias para serlo.
Por otra parte, en algunos semáforos y para esperar a que se pongan verdes, da tiempo suficiente a descansar de lo s anteriores, pues aunque existe un botón para cambiarlos de color, el dichoso botón debe ser un adorno inútil o está averiado o se trata más bien de una broma, porque si no, no se explica. En otros semáforos, cuando por fin se puede pasar, hay que hacerlo en plan olímpico, por lo que las personas se van atropellando unas a otras, instintivamente nerviosas como náufragos en el tráfico, para ponerse a salvo. Indudablemente que al final del día a fuerza de salvar semáforos o pasos de cebra, se termina agotado y con los nervios deshechos, igual que los mejores atletas olímpicos al final de una competición. Por todo ello, por su práctica generalizada a todos los niveles, por su cotidianeidad y por la emoción del riesgo que implica ejercitarlo, creo que es de justicia proponer que el semáforing o cruce de semáforos y pasos de cebra, debiera ser considerado, a partir de ahora y aprovechando la ocasión de las próximas olimpiadas, como un auténtico deporte olímpico de los más populares, pues sin duda alguna, reúne todas las condiciones necesarias para serlo.
Sierra Nevada, digna de respeto
Sierra Nevada es el macizo montañoso de España que tiene el triste honor de liderar el balance de accidentes de montaña con resultados luctuosos. No es extraño que así sea, a la vista del desconocimiento que se tiene obre la misma por alguna gente visitante, no solo orográficamente, sino también, lo que es más importante, climatológicamente hablando: Cierto es que se trata de una de las sierras que más días de sol tiene al año, pero también es cierto que los cambios de tiempo en esos mismos días pueden ser imprevistos. En tal sentido, hay que tener en cuenta que a partir de los tres mil metros de altitud puede suceder cualquier cambio atmosférico en cualquier momento. Esto es válido para toda la Alta Montaña en el meridiano en el que nos encontramos, pero Sierra Nevada tan próxima además a la turbulenta zona del estrecho de Gibraltar, se lleva la palma en dichos cambios. Por citar algún ejemplo: Veteranos montañeros atestiguan que, por muy radiante que sea el día, cuando se vean aparecer algunas nubes provenientes de la vertiente mediterránea por la zona del Caballo (3.013 mts), lo más prudente es abandonar cualquier actividad montañera o buscar refugio, porque, aunque no siempre sea así, suele suceder que en poco tiempo se produzca un riesgo atmosférico de consecuencias imprevisibles.
Por otra parte, nuestra Sierra engaña: Aparentemente es tentadora e inspira confianza. Desde lejos es como esas personas atractivas o seductoras que, sorprendentemente, pueden terminar convirtiéndose en fieras. Abundando en tal aspecto, hay gente que piensa que Sierra Nevada no tiene, como otras montañas, grandes alteraciones orográficas alpinas. Basan sus erróneas afirmaciones en el único y superficial conocimiento que poseen sobre la cara sureste o vertiente hacia Granada e, incluso algunos limitan su “experiencia” a su visión desde la capital o la vega. Indudablemente que, si antes de hablar sin saber lo que dicen, conocieran, por ejemplo, la ruta que desde el río Genil conduce por la loma del Calvario hacia el Puntal de Vacares (3.146 mts) tendrían la feliz oportunidad de descubrir su error, contemplando toda la vertiente norte de la sierra con su docena de alturas superiores a los 3.000 metros, todas ellas cortadas a pico en caída casi vertical de dos mil metros de desnivel hasta el Genil, precipitándose vertiginosamente por los vasares de Valdecasillas, Valdeinfierno y del Guarnon. Dicha zona, con su paisaje alucinante, no tiene nada que envidiar a ninguna otra de cualquier sistema montañoso, por muy alpino que sea.
Sierra Nevada, por lo tanto, no tiene la culpa de ser como es en lo referente al ranking de accidentes que ostenta; no es ella la causa, sino la mayoría de las veces, la ignorancia, la inexperiencia y el exceso de confianza de quienes se creen que es fácil dominarla sin conocerla. Ahí está el verdadero peligro, en la falta de respeto hacia la misma.
Por otra parte, nuestra Sierra engaña: Aparentemente es tentadora e inspira confianza. Desde lejos es como esas personas atractivas o seductoras que, sorprendentemente, pueden terminar convirtiéndose en fieras. Abundando en tal aspecto, hay gente que piensa que Sierra Nevada no tiene, como otras montañas, grandes alteraciones orográficas alpinas. Basan sus erróneas afirmaciones en el único y superficial conocimiento que poseen sobre la cara sureste o vertiente hacia Granada e, incluso algunos limitan su “experiencia” a su visión desde la capital o la vega. Indudablemente que, si antes de hablar sin saber lo que dicen, conocieran, por ejemplo, la ruta que desde el río Genil conduce por la loma del Calvario hacia el Puntal de Vacares (3.146 mts) tendrían la feliz oportunidad de descubrir su error, contemplando toda la vertiente norte de la sierra con su docena de alturas superiores a los 3.000 metros, todas ellas cortadas a pico en caída casi vertical de dos mil metros de desnivel hasta el Genil, precipitándose vertiginosamente por los vasares de Valdecasillas, Valdeinfierno y del Guarnon. Dicha zona, con su paisaje alucinante, no tiene nada que envidiar a ninguna otra de cualquier sistema montañoso, por muy alpino que sea.
Sierra Nevada, por lo tanto, no tiene la culpa de ser como es en lo referente al ranking de accidentes que ostenta; no es ella la causa, sino la mayoría de las veces, la ignorancia, la inexperiencia y el exceso de confianza de quienes se creen que es fácil dominarla sin conocerla. Ahí está el verdadero peligro, en la falta de respeto hacia la misma.
Sinceramente
La presente carta no pretende ser, ni mucho menos, una lisonja; se trata sólo de agradecimiento por mantener esta Sección actualmente, agradecimiento que también se hace extensivo al anterior Director de Ideal, el cual creo que fue quien la inició, haciendo que este periódico fuera pionero en Granada de tal método directo de confraternizar con sus lectores. Se abre así una especie de tribuna libre a través de la cual se manifiestan situaciones meritorias o también se evitan actitudes incómodas o extremas en ciertas polémicas, ya que hablando y escribiendo se entiende la gente. Sin embargo, es posible que el mérito principal de esta Sección sea el de fomentar el hábito de la escritura y, como consecuencia de ello, el de la lectura. Me explico: Se dice que “el comer y el rascar, todo es empezar”, este refrán es válido también para el tema de escribir y leer. Todo es empezar. A través de esta Sección no sólo se aficiona uno a la escritura, sino que se produce el morbo de la curiosidad por leer, aunque solamente sea para consultar el diccionario y comprobar la legalidad ortográfica de ciertas palabras difíciles.
Los que escribimos aquí no somos profesionales, indudablemente, pero, a veces, el gusanillo de ver nuestro nombre publicado en el periódico de su digna dirección, junto con el detalle de que son escritos cortos, hace que nos animemos y escribamos. También hay otro refrán que dice “errando, errando, se va acertando” corríjame si me equivoco, pero es cierto. Escribiendo, escribiendo, se aprende a escribir y, en este caso, no se requiere un gran esfuerzo para hacerlo. De pequeños pasos se hacen grandes caminatas o, como se dice en italiano “piano, piano, si va lontano”, que referido a la escritura, de esta manera se pueden descubrir, quizá con el tiempo, algunos buenos escritores, además de que el cerebro se vuelve creativo, despertando de su letargo y, seguramente, prolongando y enriqueciéndole la vida.
Finalmente, los asiduos de esta Sección creo que hacemos una labor complementaria de utilidad en referencia a detalles que por lógica física no puede abarcar el periódico, que tan amablemente nos acoge. Por ello me permito en nombre de todos, porque pienso que todos estarán de acuerdo en lo mismo, darle las gracias a Vd. y a Ideal por brindarnos tal oportunidad, que nos satisface gratamente y nos hace sentirnos útiles. Sinceramente.
Los que escribimos aquí no somos profesionales, indudablemente, pero, a veces, el gusanillo de ver nuestro nombre publicado en el periódico de su digna dirección, junto con el detalle de que son escritos cortos, hace que nos animemos y escribamos. También hay otro refrán que dice “errando, errando, se va acertando” corríjame si me equivoco, pero es cierto. Escribiendo, escribiendo, se aprende a escribir y, en este caso, no se requiere un gran esfuerzo para hacerlo. De pequeños pasos se hacen grandes caminatas o, como se dice en italiano “piano, piano, si va lontano”, que referido a la escritura, de esta manera se pueden descubrir, quizá con el tiempo, algunos buenos escritores, además de que el cerebro se vuelve creativo, despertando de su letargo y, seguramente, prolongando y enriqueciéndole la vida.
Finalmente, los asiduos de esta Sección creo que hacemos una labor complementaria de utilidad en referencia a detalles que por lógica física no puede abarcar el periódico, que tan amablemente nos acoge. Por ello me permito en nombre de todos, porque pienso que todos estarán de acuerdo en lo mismo, darle las gracias a Vd. y a Ideal por brindarnos tal oportunidad, que nos satisface gratamente y nos hace sentirnos útiles. Sinceramente.
Una forma de aislamiento
Ya se sabe que una de las virtudes de la democracia puede ser también su punto débil: la libertad de expresión y de comunicación, así como el uso del cauce democrático para expresar cualquier opinión o reclamación. Esta virtud ha sido utilizada siempre por algunas ideas totalitarias para adentrarse en su estructura, intentando eliminarla e instaurarse en el poder, como ocurrió con el nazismo en Alemania, por ejemplo. En el caso de ahora el referente es el terrorismo que, si bien no utiliza directamente el cauce democrático, sí, por lo menos, se sirve de la libertad de comunicación para hacerse notar aunque sea negativamente, porque puede suceder que lo que vaya buscando ETA es que se hable de ella para poder mantenerse y justificarse ante los suyos, ya que sabe perfectamente que su objetivo final no lo va a conseguir nunca.
Haciendo referencia al último atentado de dicha organización terrorista contra los medios informativos del país vasco, pero que afecta a todos en general, habría que hacerse algunas reflexiones acerca de la conveniencia de dar excesiva información sobre la misma, cada vez que comete un atentado. A veces, mucho más grande que la onda expansiva de la bomba terrorista es la onda informativa que se produce a continuación y durante demasiado tiempo. ¿A cuanto sale un minuto de publicidad en televisión? ¿A cuanto el renglón de un anuncio en la prensa? Y sin embargo de ETA se escribe y se habla largo y tendido completamente gratis para ella. Habría que pensar en la fórmula o manera de poner solamente escuetas y lacónicas notas de prensa en caso de algún atentado grave, sin armar la consabida reacción mediática y social de siempre.
Sin ser esa su intención, por supuesto, los medios se comportan inconscientemente, siguiéndoles en cierto modo ese su juego con el exceso de información, que para los terroristas es publicidad por muy negativa que sea ésta, pues a ellos les da igual, ya que lo importante es salir en dichos medios aunque sea como monstruos. Es tanto como decir, aquí estamos y aquí seguimos a pesar de todas las medidas represivas y a pesar del transcurso del tiempo. Es hacerse notar por parte de ETA y por parte de la prensa o la televisión es darle mayor importancia de la que realmente tiene. El silencio es también una forma de aislamiento y con el terrorismo la democracia debería hacer una excepción, practicándolo en la medida de lo posible y dejar que las Fuerzas de Seguridad se las entiendan con él, silenciosamente y con eficacia, como lo vienen haciendo.
Haciendo referencia al último atentado de dicha organización terrorista contra los medios informativos del país vasco, pero que afecta a todos en general, habría que hacerse algunas reflexiones acerca de la conveniencia de dar excesiva información sobre la misma, cada vez que comete un atentado. A veces, mucho más grande que la onda expansiva de la bomba terrorista es la onda informativa que se produce a continuación y durante demasiado tiempo. ¿A cuanto sale un minuto de publicidad en televisión? ¿A cuanto el renglón de un anuncio en la prensa? Y sin embargo de ETA se escribe y se habla largo y tendido completamente gratis para ella. Habría que pensar en la fórmula o manera de poner solamente escuetas y lacónicas notas de prensa en caso de algún atentado grave, sin armar la consabida reacción mediática y social de siempre.
Sin ser esa su intención, por supuesto, los medios se comportan inconscientemente, siguiéndoles en cierto modo ese su juego con el exceso de información, que para los terroristas es publicidad por muy negativa que sea ésta, pues a ellos les da igual, ya que lo importante es salir en dichos medios aunque sea como monstruos. Es tanto como decir, aquí estamos y aquí seguimos a pesar de todas las medidas represivas y a pesar del transcurso del tiempo. Es hacerse notar por parte de ETA y por parte de la prensa o la televisión es darle mayor importancia de la que realmente tiene. El silencio es también una forma de aislamiento y con el terrorismo la democracia debería hacer una excepción, practicándolo en la medida de lo posible y dejar que las Fuerzas de Seguridad se las entiendan con él, silenciosamente y con eficacia, como lo vienen haciendo.
Nuestro prójimo perdido
Se nota un cierto ambiente de crispación o agresividad cotidiana. Confieso que cada día resulta más inseguro salir a la calle y no por los problemas psicológicos o de cualquier otra índole, sino porque puede observarse que alguna gente va por la vida como por una guerra. Es para sentir recelo. Abunda cada vez más la descortesía por parte de individuos con respecto a las personas que tienen la mala suerte de cruzarse con ellos: todos parecen ciudadanos normales pero su actitud agresiva y sus miradas les delatan. Repito que no es cuestión de paranoia, ni cosa similar, porque los modales incorrectos, la falta de urbanidad o de educación, sobre todo hacia las personas mayores, es patente en ciertas situaciones que se presentan en el ámbito social. Todo esto sin hacer referencia a que el número de delitos de sangre o de violencia vaya en aumento, haciendo que la vida humana se cotice cada vez menos.
Es evidente que en tales condiciones la convivencia, a veces, parece más propia de una selva, en donde la soberbia es ley, la ley del más fuerte o del más aparente. Por eso creo que la mejor manera de remediarlo sería posiblemente volverse como ellos, dejándose llevar del contagio colectivo, pero hay que sobre ponerse en cualquier circunstancia, manteniéndose como persona racional aunque pretendan humillarte. No se si ocurrirá tal fenómeno por el problema de la crisis, del paro, por falta de civismo o porque la raíz de los males de España sigue siendo la falta de cultura, así como la manipulación constante de unos y de otros sobre la misma, devaluándose cuanto más se le toca.
En su tiempo, según el escritor y filósofo don Miguel de Unamuno, había un cierto porcentaje de españoles que razonaba y otro que embestía. Ignoro y no quiero saber como será en la actualidad dicho porcentaje, pero a la vista de las evidencias no parece ser que se haya ido a mejor desde aquel entonces.
Razonando positivamente, también puede suceder que tal actitud agresiva se trate solamente de simple apariencia auto-defensiva, una pose circunstancial pasajera, porque a la hora de la verdad termina siempre por aflorar la solidaridad y el compartir ante cualquier desgracia ajena, pero lo triste es precisamente que se tenga que esperar a un desastre natural o humano para comportarse como hermanos sin prejuicios, como Dios manda. Siempre pues nos quedará dicho horizonte de esperanza, por lo menos, para volver a encontrarnos con nuestro prójimo perdido.
Es evidente que en tales condiciones la convivencia, a veces, parece más propia de una selva, en donde la soberbia es ley, la ley del más fuerte o del más aparente. Por eso creo que la mejor manera de remediarlo sería posiblemente volverse como ellos, dejándose llevar del contagio colectivo, pero hay que sobre ponerse en cualquier circunstancia, manteniéndose como persona racional aunque pretendan humillarte. No se si ocurrirá tal fenómeno por el problema de la crisis, del paro, por falta de civismo o porque la raíz de los males de España sigue siendo la falta de cultura, así como la manipulación constante de unos y de otros sobre la misma, devaluándose cuanto más se le toca.
En su tiempo, según el escritor y filósofo don Miguel de Unamuno, había un cierto porcentaje de españoles que razonaba y otro que embestía. Ignoro y no quiero saber como será en la actualidad dicho porcentaje, pero a la vista de las evidencias no parece ser que se haya ido a mejor desde aquel entonces.
Razonando positivamente, también puede suceder que tal actitud agresiva se trate solamente de simple apariencia auto-defensiva, una pose circunstancial pasajera, porque a la hora de la verdad termina siempre por aflorar la solidaridad y el compartir ante cualquier desgracia ajena, pero lo triste es precisamente que se tenga que esperar a un desastre natural o humano para comportarse como hermanos sin prejuicios, como Dios manda. Siempre pues nos quedará dicho horizonte de esperanza, por lo menos, para volver a encontrarnos con nuestro prójimo perdido.
Los tres Juanes
Juan Francisco Aceña Caballero
Compañero es mi nieto
compañero, colega y amigo
con lo cual ya somos tres
el abuelo, él y el que se fue
ausente desde que dejé
la edad de ser niño.
Feliz de encontrarnos
para jugar con él y conmigo
ha vuelto desde su infancia
con los viejos juegos de antaño
risas, palabras, gritos.
También su tono de voz
que ya tenía olvidado
Y no se cual de los dos
más conmueve el corazón
si el ahora aquí presente
o el que vuelve del pasado
el compañero infantil ausente
quien gracias la nieto ha regresado.
por eso ya somos tres
el abuelo, él y el que se fue
como se ve
todos bien acompañados.
(A Juan Aceña Pérez, en su 4º cumpleaños)
Compañero es mi nieto
compañero, colega y amigo
con lo cual ya somos tres
el abuelo, él y el que se fue
ausente desde que dejé
la edad de ser niño.
Feliz de encontrarnos
para jugar con él y conmigo
ha vuelto desde su infancia
con los viejos juegos de antaño
risas, palabras, gritos.
También su tono de voz
que ya tenía olvidado
Y no se cual de los dos
más conmueve el corazón
si el ahora aquí presente
o el que vuelve del pasado
el compañero infantil ausente
quien gracias la nieto ha regresado.
por eso ya somos tres
el abuelo, él y el que se fue
como se ve
todos bien acompañados.
(A Juan Aceña Pérez, en su 4º cumpleaños)
La vaca que riu
En los autobuses de Barcelona solían poner, junto con la imagen del rostro de una vaca sonriente, la frase “La vaca que riu” sobre sus laterales a modo de anuncio publicitario de cierto producto lácteo; actualmente algunos ponen lo de “probablemente Dios no exista…” con la coletilla consiguiente. Como consecuencia, en algún autobús de Madrid figura lo contrario. Puede ser que se intente con ello plantear un debate teológico para evadirse de otros problemas mayores. En el primer caso y a partir de ahora, la vaca que ríe tendrá otro motivo más para ser feliz, porque al ser probable que Dios no exista, podrá hacer lo que le de la gana paseando por el prado, de esta forma cambiaría el pesado soniquete de su cencerro por otro ritmo menos aburrido, o bien convertirse en vaca loca, pero solamente de espíritu.
A nivel humano, el hecho de que Dios no exista parece ser, no se sabe por qué extrañas razones, libertad para todo y garantía de felicidad también, claro que tales ilusiones son factibles mientras que el cuerpo aguante y la salud o el dinero lo permitan, porque cuando por causa de los mismos se le ven las orejas al lobo, se vuelve a la reflexión y, generalmente, a cualquier clase de creencia, aunque tal cambio nunca se reconozca públicamente, pues todas las decisiones personales pertenecen a la intimidad de cada cual; por eso es posible que hubiera sido más razonable poner en esos autobuses catalanes lo de “salud, dinero y amor para todos”, evitándose de esta manera polémicas tragicómicas.
Con la que está cayendo sobre una sociedad que presenta todos los síntomas de encontrarse en fase de pronóstico reservado y se ponen a dirimir si Dios existe o es probable que no. Tal cuestión se asemeja al cuento aquel de las dos liebres que perseguidas por los perros de caza, tuvieron la fatal ocurrencia de entretenerse en discutir sobre si eran galgos o podencos, perdiendo un tiempo vital para salvarse, hasta que, finalmente, los perros se les echaron encima terminando con ellas y con su discusión inútil. En nuestro caso los perros acuciantes y acosadores, sean galgos o podencos, son de variado pelaje: Entre éstos figuran la violencia a todos los niveles, sociales y familiares, la delincuencia cada vez con más audacia, las drogas que parecen ser las únicas salidas con las que mucha gente intenta huir de la realidad cotidiana, el paro que se vuelve más agobiante con el paso del tiempo, etc. Ante tal situación, lo que parece realmente para nuestra mayor desgracia, es que Dios no existe o nos ha abandonado y el que sea probable o improbable no tiene ninguna relevancia, pues la única consecuencia es la de perder el tiempo o refugiarse en una nube de ignorancia malintencionada. Desde nuestra enana perspectiva humana Dios es inmensurable, por lo tanto, seamos libres pero no liebres, por favor.
A nivel humano, el hecho de que Dios no exista parece ser, no se sabe por qué extrañas razones, libertad para todo y garantía de felicidad también, claro que tales ilusiones son factibles mientras que el cuerpo aguante y la salud o el dinero lo permitan, porque cuando por causa de los mismos se le ven las orejas al lobo, se vuelve a la reflexión y, generalmente, a cualquier clase de creencia, aunque tal cambio nunca se reconozca públicamente, pues todas las decisiones personales pertenecen a la intimidad de cada cual; por eso es posible que hubiera sido más razonable poner en esos autobuses catalanes lo de “salud, dinero y amor para todos”, evitándose de esta manera polémicas tragicómicas.
Con la que está cayendo sobre una sociedad que presenta todos los síntomas de encontrarse en fase de pronóstico reservado y se ponen a dirimir si Dios existe o es probable que no. Tal cuestión se asemeja al cuento aquel de las dos liebres que perseguidas por los perros de caza, tuvieron la fatal ocurrencia de entretenerse en discutir sobre si eran galgos o podencos, perdiendo un tiempo vital para salvarse, hasta que, finalmente, los perros se les echaron encima terminando con ellas y con su discusión inútil. En nuestro caso los perros acuciantes y acosadores, sean galgos o podencos, son de variado pelaje: Entre éstos figuran la violencia a todos los niveles, sociales y familiares, la delincuencia cada vez con más audacia, las drogas que parecen ser las únicas salidas con las que mucha gente intenta huir de la realidad cotidiana, el paro que se vuelve más agobiante con el paso del tiempo, etc. Ante tal situación, lo que parece realmente para nuestra mayor desgracia, es que Dios no existe o nos ha abandonado y el que sea probable o improbable no tiene ninguna relevancia, pues la única consecuencia es la de perder el tiempo o refugiarse en una nube de ignorancia malintencionada. Desde nuestra enana perspectiva humana Dios es inmensurable, por lo tanto, seamos libres pero no liebres, por favor.
La señora
Estábamos acostumbrados a que cada año saliera por estas fechas el tema de la serpiente de verano y el dragón del lago Ness, pero a partir de ahora habrá que contar también con la culebra llamada “la Señora”, así como con toda su parentela de Motril. Esta cuestión habría que explotarla con vistas a fomentar el turismo: Una gran culebra asomando la gaita por entre las tejas, con toda la tranquilidad del mundo, como cualquier ama de casa que se asome al balcón, no se ve ni todos los días, ni creo que sea frecuente en el resto del mundo moderno.
Todo es posible en Granada, pero Motril es mucho Motril y no se queda atrás en dar sorpresas como la de “la Señora”. Habría también que preguntarse: ¿Quién le puso el nombre? Con ese gracejo popular andaluz característico acertó plenamente, pues mientras ella se enseñorea de su terreno, la gente del barrio tiene que salir corriendo de sus casas o atrincherarse dentro de ellas con las puertas y ventanas cerradas, lo que resulta un agobio insoportable, y más aun en verano.
Parece ser que los primeros combates contra “la Señora” resultaron infructuosos, incluso alguno ha sido motivo de pitorreo, y mientras tanto “la Señora” ni se ha enterado o, por lo menos, ha respondido con señorial indiferencia.
Ahora que, al parecer, se ha dado al fin con la solución y se ha puesto manos a la obra, es el momento de proponer que la susodicha culebra y demás parientes conocidos, pasen a formar parte de algún museo o zoológico que haya por ahí cerca o, en su defecto, que se instalen en una vitrina en cualquier parque público para satisfacer la curiosidad de la gente. “La Señora” no se merece que pase al anonimato, después del número que ha organizado sin maldad ninguna y con pleno desconocimiento de sus consecuencias. Habiendo sido noticia durante cierto tiempo en las televisiones y en la prensa, se puede decir de ella que es popular y que ya forma parte anecdótica de la pequeña historia local de Motril. Afortunadamente no se ha llegado todavía a lo de la película Parque Jurásico, aunque el próximo año cualquiera sabe lo que puede suceder.
Todo es posible en Granada, pero Motril es mucho Motril y no se queda atrás en dar sorpresas como la de “la Señora”. Habría también que preguntarse: ¿Quién le puso el nombre? Con ese gracejo popular andaluz característico acertó plenamente, pues mientras ella se enseñorea de su terreno, la gente del barrio tiene que salir corriendo de sus casas o atrincherarse dentro de ellas con las puertas y ventanas cerradas, lo que resulta un agobio insoportable, y más aun en verano.
Parece ser que los primeros combates contra “la Señora” resultaron infructuosos, incluso alguno ha sido motivo de pitorreo, y mientras tanto “la Señora” ni se ha enterado o, por lo menos, ha respondido con señorial indiferencia.
Ahora que, al parecer, se ha dado al fin con la solución y se ha puesto manos a la obra, es el momento de proponer que la susodicha culebra y demás parientes conocidos, pasen a formar parte de algún museo o zoológico que haya por ahí cerca o, en su defecto, que se instalen en una vitrina en cualquier parque público para satisfacer la curiosidad de la gente. “La Señora” no se merece que pase al anonimato, después del número que ha organizado sin maldad ninguna y con pleno desconocimiento de sus consecuencias. Habiendo sido noticia durante cierto tiempo en las televisiones y en la prensa, se puede decir de ella que es popular y que ya forma parte anecdótica de la pequeña historia local de Motril. Afortunadamente no se ha llegado todavía a lo de la película Parque Jurásico, aunque el próximo año cualquiera sabe lo que puede suceder.
La ofensiva de los juguetes
Durante las próximas semanas una enorme borrasca de consumo se nos viene encima a pesar del anticiclón de la crisis económica que en este caso no está situado en las Azores, sino en nuestros bolsillos. Dicha borrasca se ha formado por varias oleadas de nubes que nos atacarán por turnos. Es prácticamente imposible protegerse de todas porque son muchas: se puede hablar de la de los perfumes o colonias, la de los cedés, la de los libros, la de las videoconsolas, etc., pero la más peligrosa de ellas es, sin duda, la de los juguetes, que cuenta además de la complicidad publicitaria, con otros cómplices o aliados que se encuentran dentro de nuestro propio hogar, formando como una especie de “quinta columna” entrañable y adorable a la vez, a quien hay que hacer feliz porque se la quiere, porque no hay más remedio, y, simplemente, porque sí. De esta debilidad nuestra, padres, abuelos y demás familiares, se aprovechan los fabricantes de juguetes, poniendo en marcha una ofensiva a gran escala con sus ejércitos de pequeños monstruitos, quienes cada vez son más temibles porque unos, los muñecos, se parecen a sonrientes autómatas sospechosamente humanos; otros son tan complicadamente técnicos y tan sofisticados, que no se sabe a quien tenerle más recelo, si a esos endemoniados cacharros o a nuestros encantadores niños que los dominan con sorprendente y envidiable facilidad, como si fueran sus colegas de toda la vida. Todos estos juguetes tienen en común lo caros que son y la ilusión con que se compran. Aunque algunos de ellos solo funcionan en las imágenes publicitarias de televisión, porque en casa, no se sabe por qué extraña razón, se declaran en huelga de funcionamiento.
Ante los juguetes, sus infantiles destinatarios también tienen en común una primera reacción mezcla de alegría, cariño y respeto al contemplarlos, pero pronto se aburren de tanta perfección y lo que más les divierte es destriparlos, haciendo de cada uno, varios, con lo cual nosotros sustituimos el recelo a tales artilugios por el dolor de ver una inversión económica tan poco rentable y duradera, pero nuestro corazón, que también es su juguete, les perdona en silencio, por si las moscas.
En nuestros tiempos hacíamos de cualquier cosa un juguete más divertido que los de ahora, porque era algo nuestro, producto de nuestra imaginación, hijo de nuestra necesidad y compañero de nuestra carencia: unos sencillos tacos de madera podían ser un tren, una casa o un barco; de un alambre grueso se hacía un aro y nos tirábamos todo el día practicando el tráfico ecológico; una simple tabla de madera terminaba siendo una patineta, incluso con un hueso hacíamos el llamado juego de la Taba. Eran juegos más bien de calle, escenario en donde vivíamos muchas horas, sintiéndonos libres y felices. No se pretende afirmar con esto que los niños de ahora no lo sean, sino únicamente que cada tiempo tiene su historia y lo suyo es adaptarse a lo que haya. El inconveniente de ahora es hacerle frente a esa gran ofensiva de juguetes invasora y próxima: Que los reyes magos nos cojan confesados y con suficiente munición.
Ante los juguetes, sus infantiles destinatarios también tienen en común una primera reacción mezcla de alegría, cariño y respeto al contemplarlos, pero pronto se aburren de tanta perfección y lo que más les divierte es destriparlos, haciendo de cada uno, varios, con lo cual nosotros sustituimos el recelo a tales artilugios por el dolor de ver una inversión económica tan poco rentable y duradera, pero nuestro corazón, que también es su juguete, les perdona en silencio, por si las moscas.
En nuestros tiempos hacíamos de cualquier cosa un juguete más divertido que los de ahora, porque era algo nuestro, producto de nuestra imaginación, hijo de nuestra necesidad y compañero de nuestra carencia: unos sencillos tacos de madera podían ser un tren, una casa o un barco; de un alambre grueso se hacía un aro y nos tirábamos todo el día practicando el tráfico ecológico; una simple tabla de madera terminaba siendo una patineta, incluso con un hueso hacíamos el llamado juego de la Taba. Eran juegos más bien de calle, escenario en donde vivíamos muchas horas, sintiéndonos libres y felices. No se pretende afirmar con esto que los niños de ahora no lo sean, sino únicamente que cada tiempo tiene su historia y lo suyo es adaptarse a lo que haya. El inconveniente de ahora es hacerle frente a esa gran ofensiva de juguetes invasora y próxima: Que los reyes magos nos cojan confesados y con suficiente munición.
La generación Sandwich
A propósito de las frecuentes agresiones a profesionales de la Sanidad, Enseñanza, progenitores, familiares, incluso a miembros de las fuerzas de Seguridad, resulta irremediable comparar el pasado con el presente y darse cuenta de que se ha producido un cambio de un extremo al otro. Ni aquello era normal, ni lo de ahora tampoco: se dice que en el término medio se encuentra la virtud, pero, al parecer, en España a dicha virtud se la busca poco o se pasa de ella olímpicamente, ahí está nuestra historia para comprobarlo, y cuando por casualidad aparece, la pobre se lleva los palos de ambos lados, como si les estorbara. Vengo a referirme con esta última expresión al hecho constatable de que quienes nacieron en la década de los años 30 y se criaron milagrosamente en la de los 40, hallándose por lo tanto ahora en la 3ª edad, entre los cuales me encuentro, hemos vivido ambos extremos. Es una realidad asombrosa poder testificar una contradicción educativa sufrida por nuestra generación en aquellos tiempos y a su vez, cuando a los de tal generación les llega el turno de ser padres, se produce el cambio totalmente contrario.
En nuestra infancia se tenía un respeto sagrado a los progenitores, igual que en la juventud, por doble motivo, primero porque era la costumbre y segundo, porque en cuanto te descantillabas lo más mínimo recibías los palos correspondientes. Después, cuando ibas al colegio o a la escuela, te encontrabas con la práctica consuetudinaria del lema “la letra con sangre entra”, idea sádica de algún perverso anónimo, pero que entonces tenía muchos aficionados o adictos, por lo que en cuanto fallabas un punto o una coma, o por cualquier otro motivo, pues dependía del capricho y carácter del adicto de turno, te soltaban un reglazo o varios. Había otras modalidades de castigo físico, pero sólo he querido indicar la más corriente y de las más suaves.
Posteriormente y en general, ya sea como padres, funcionarios de distintas facetas o profesionales de cualquier materia, hemos sido víctimas de falta de respeto por parte de nuestros, clientes o público, incluso en algunos casos, hasta de malos tratos o cosas peores. Nuestra generación, pues, ha sido maltratada por aquellos y por estos, como si fuera una especie de “pushing ball” entre ambas generaciones completamente distintas, y la nuestra hubiera pagado con creces la diferencia entre las dos. Esta es nuestra “culpa” y también haber sido la generación fantasma: oficialmente no somos ni héroes, ni mártires, ni de ninguna causa y de ninguna guerra. Por lo tanto, tampoco somos ganadores ni perdedores. Simplemente, no somos nada para la historia, tan solo una generación silenciosa o sumisa que ha tenido que soportar a la anterior y posterior. A cambio de hacer de sufrido puente entre ambas orillas no tenemos medallas, ni méritos, ni memorias, ni nostalgias, únicamente nos tenemos a nosotros mismos con nuestro increíble testimonio y el deber cumplido, así como la extraña sensación de haber sido la generación sándwich de un cierto naufragio social. Solamente podemos alardear de ser supervivientes del mismo, que no es poco. Felices Fiestas a todos.
En nuestra infancia se tenía un respeto sagrado a los progenitores, igual que en la juventud, por doble motivo, primero porque era la costumbre y segundo, porque en cuanto te descantillabas lo más mínimo recibías los palos correspondientes. Después, cuando ibas al colegio o a la escuela, te encontrabas con la práctica consuetudinaria del lema “la letra con sangre entra”, idea sádica de algún perverso anónimo, pero que entonces tenía muchos aficionados o adictos, por lo que en cuanto fallabas un punto o una coma, o por cualquier otro motivo, pues dependía del capricho y carácter del adicto de turno, te soltaban un reglazo o varios. Había otras modalidades de castigo físico, pero sólo he querido indicar la más corriente y de las más suaves.
Posteriormente y en general, ya sea como padres, funcionarios de distintas facetas o profesionales de cualquier materia, hemos sido víctimas de falta de respeto por parte de nuestros, clientes o público, incluso en algunos casos, hasta de malos tratos o cosas peores. Nuestra generación, pues, ha sido maltratada por aquellos y por estos, como si fuera una especie de “pushing ball” entre ambas generaciones completamente distintas, y la nuestra hubiera pagado con creces la diferencia entre las dos. Esta es nuestra “culpa” y también haber sido la generación fantasma: oficialmente no somos ni héroes, ni mártires, ni de ninguna causa y de ninguna guerra. Por lo tanto, tampoco somos ganadores ni perdedores. Simplemente, no somos nada para la historia, tan solo una generación silenciosa o sumisa que ha tenido que soportar a la anterior y posterior. A cambio de hacer de sufrido puente entre ambas orillas no tenemos medallas, ni méritos, ni memorias, ni nostalgias, únicamente nos tenemos a nosotros mismos con nuestro increíble testimonio y el deber cumplido, así como la extraña sensación de haber sido la generación sándwich de un cierto naufragio social. Solamente podemos alardear de ser supervivientes del mismo, que no es poco. Felices Fiestas a todos.
La decadencia de las ideas
Desde mediados del pasado siglo las ideologías políticas y religiosas iniciaron un declive en el mundo occidental que hoy está llegando a niveles de escándalo cotidiano. El escepticismo, nacido de la desconfianza en el espíritu humano, con el consiguiente culto al cuerpo o hedonismo han traído como lógico resultado el nacimiento de un monstruo, que ahora tenemos convertido en adulto corrupto y generalizado: el consumismo universal o lo que es lo mismo, el triunfo del pesebre. Cuanto más se tiene más se consume y cuanto menos se tiene más se consumen los que padecen la carencia. Y es que en este baile de la peste del dólar, como dijera Albert Camus, entramos todos, los pobres y los ricos. Somos arrastrados irremisiblemente, hipnotizados por su vértigo, contagiados por su virus, bailando como zombis en este festival de la peste. Así no es de extrañar que toda ideología corra peligro de extinción, como ha ocurrido con algunos aspectos de la naturaleza. Lo grave del caso es que para ésta cuestión no se conocen asociaciones ecologistas fiables que protejan honradamente a la especie humana de esta caída hacia la animalidad absoluta. En tal situación hablar de obligaciones y responsabilidades, de solidaridad o espíritu de sacrificio, suena a chiste o a teatro rancio. Hay miedo o rechazo a comprometerse con una labor de riesgo, cualquiera que sea su matiz. Incluso es posible que siempre se busquen los derechos antes que las obligaciones o el medrar en lo que sea a costa de los demás y de la propia dignidad. Con tal panorama, tan solo nos queda la manipulación diaria de cierta prensa culpable de la oligofrenia social creciente, o de una televisión que nos regala generosamente la única libertad de la que es posible, la del zapping. Tan sólo nos queda la triste aventura del rebaño humano peregrinando por los triunfantes templos del consumismo en los supermercados.
Estos son pues los dioses paganos que mueven a la sociedad actual: la razón y el sentimiento se canalizan generalmente hacia el sexo, la droga y el dinero. Por eso, ante tal espantoso horror nos encontramos como decía Pablo Neruda en uno de sus poemas, “eternamente en fuga”. Contemplar si no esas masas humanas desbocadas en busca de una efímera evasión en fiestas o en vacaciones; o bien creyéndose espejismos pseudos religiosos, reduciendo a Dios al enanismo de su propio tamaño, al caer en la farsa de tanto falso profeta que vive a costa de tanto pobre ignorante; o buscando extrañas utopías políticas que son de colores distintos en sus bases y planteamientos, pero que al llegar al poder se vuelven todas del mismo color, el amarillo: el color del oro, del poder de la ambición, o lo que es lo mismo, el color de la paja en el pesebre.
Desgraciadamente, por este camino ya sólo queda la esperanza de que en un mundo futuro de humanóides quede, por lo menos, en algún zoológico perdido alguna jaula con unos cuantos especimenes humanos, como únicos representantes de los distintos pensamientos políticos y religiosos del pasado, para regocijo de espectadores mecánicos que los contemplen con su estúpida sonrisa de acero inoxidable.
Afortunadamente, nosotros padeceremos la enfermedad en fase terminal pero no leeremos el epitafio de la jaula. Siempre es un consuelo…
Estos son pues los dioses paganos que mueven a la sociedad actual: la razón y el sentimiento se canalizan generalmente hacia el sexo, la droga y el dinero. Por eso, ante tal espantoso horror nos encontramos como decía Pablo Neruda en uno de sus poemas, “eternamente en fuga”. Contemplar si no esas masas humanas desbocadas en busca de una efímera evasión en fiestas o en vacaciones; o bien creyéndose espejismos pseudos religiosos, reduciendo a Dios al enanismo de su propio tamaño, al caer en la farsa de tanto falso profeta que vive a costa de tanto pobre ignorante; o buscando extrañas utopías políticas que son de colores distintos en sus bases y planteamientos, pero que al llegar al poder se vuelven todas del mismo color, el amarillo: el color del oro, del poder de la ambición, o lo que es lo mismo, el color de la paja en el pesebre.
Desgraciadamente, por este camino ya sólo queda la esperanza de que en un mundo futuro de humanóides quede, por lo menos, en algún zoológico perdido alguna jaula con unos cuantos especimenes humanos, como únicos representantes de los distintos pensamientos políticos y religiosos del pasado, para regocijo de espectadores mecánicos que los contemplen con su estúpida sonrisa de acero inoxidable.
Afortunadamente, nosotros padeceremos la enfermedad en fase terminal pero no leeremos el epitafio de la jaula. Siempre es un consuelo…
La carretera de la suerte
Ahora que se habla tanto en la televisión de puntos negros en las vías de comunicación, habría que hacer una referencia a la carretera que va hacia Almuñecar directamente desde Granada, atravesando la sierra de la costa y más conocida popularmente como la “de la cabra”. La referida carretera se ha convertido de un tiempo a esta parte, desde que se arregló hasta poco más allá de la Venta del Fraile y más concretamente en su trayecto hasta dicho punto, en una pista de carreras para ciertos camiones. El pobre conductor de utilitario que se atreva a meterse en dicha vía, se verá obligado a ir a la misma velocidad imprudente de alguno de ellos, saltándose reglas y normas de tráfico o bien, por el contrario, permitir que le adelanten, incluso en curvas y cambios de rasante, con el peligro consiguiente para los conductores que vengan en ese momento en sentido contrario. También tiene la opción de que se le echen encima por detrás y así quedar laminado sobre el asfalto, pues los citados camiones parecen tanques desbocados.
No se puede dudar de la profesionalidad, pericia y responsabilidad de la mayoría de sus conductores, pero precisamente por eso me extraña que en sitios que las señales de tráfico indican prohibido ir a más de 50 ó 60 kilómetros por hora, algunos rebasen dichos límites en demasía y si hablamos de cuando la velocidad está marcada a 80 ó 90, ya ni se sabe. Me imagino que la Guardia Civil de Tráfico tendrá conocimiento de dichas anomalías y, en todo caso, no tiene más que mandar algunos coches camuflados para comprobarlas “in situ” y darse cuenta de que el citado tramo de carretera más que tener puntos negros, constituye todo él un enorme manchurrón y no precisamente por su trazado, sino por ciertos usuarios del mismo que se dicen o se creen profesionales del volante.
Esta carretera ya de por sí es peligrosa y complicada aunque el trayecto hasta la Venta del Fraile haya mejorado mucho con el último arreglo que se le hizo, pero la mejoría ha servido solamente para mantenerse el peligro por causa de la velocidad excesiva de algunos que no respetan los límites.
Afortunadamente dicha carretera, comparada con la “autovía” hacia Motril, tiene poca circulación y casi todo el mundo conduce con prudencia, lo cual puede explicar que haya pocos accidentes en la misma o también puede ser que al llamarse “de la cabra” emane de ella una especie de talismán milagroso que proteja a los usuarios de la misma contra imprudentes y temerarios, por eso habría que llamarla la Carretera de la Suerte, con fundamento.
No se puede dudar de la profesionalidad, pericia y responsabilidad de la mayoría de sus conductores, pero precisamente por eso me extraña que en sitios que las señales de tráfico indican prohibido ir a más de 50 ó 60 kilómetros por hora, algunos rebasen dichos límites en demasía y si hablamos de cuando la velocidad está marcada a 80 ó 90, ya ni se sabe. Me imagino que la Guardia Civil de Tráfico tendrá conocimiento de dichas anomalías y, en todo caso, no tiene más que mandar algunos coches camuflados para comprobarlas “in situ” y darse cuenta de que el citado tramo de carretera más que tener puntos negros, constituye todo él un enorme manchurrón y no precisamente por su trazado, sino por ciertos usuarios del mismo que se dicen o se creen profesionales del volante.
Esta carretera ya de por sí es peligrosa y complicada aunque el trayecto hasta la Venta del Fraile haya mejorado mucho con el último arreglo que se le hizo, pero la mejoría ha servido solamente para mantenerse el peligro por causa de la velocidad excesiva de algunos que no respetan los límites.
Afortunadamente dicha carretera, comparada con la “autovía” hacia Motril, tiene poca circulación y casi todo el mundo conduce con prudencia, lo cual puede explicar que haya pocos accidentes en la misma o también puede ser que al llamarse “de la cabra” emane de ella una especie de talismán milagroso que proteja a los usuarios de la misma contra imprudentes y temerarios, por eso habría que llamarla la Carretera de la Suerte, con fundamento.
Energía eléctrica, facturas y cartas
A la vista del actual sistema de cobro por parte de la compañía Sevillana – Endesa, se ha llegado al punto de que hoy día es más temible que llegue a casa una factura de luz o una carta de Sevillana que cualquier carta o papel de la Jefatura de Tráfico o de Hacienda. Por lo menos éstas últimas dan opción al destinatario a que demuestre su inocencia, incluso a demostrar que son ellas las equivocadas; sin embargo la compañía Sevillana considera a su cliente desde el primer momento, no como un presunto culpable, sino como un culpable sin presunto, y en su carta aparecen advertencias o avisos imperativos de interrupción del servicio, hasta que al final de la misma viene la sentencia inapelable, pues si no se paga dentro del límite impuesto, con razón o sin ella, se corta el suministro de luz, penando al cliente con la consiguiente problemática. Está claro que si hubiera posibilidades de utilizar los servicios de otras compañías, seguramente que el trato a la clientela sería mucho mejor, gracias a la competencia.
Referente a la factura se observa que la misma sigue siendo un jeroglífico, hasta el punto de que más que importar la cantidad a paga, lo que si se agradecería es que se pusiera en claro dicho laberinto, pues si se trata del recibo de la luz, no sería mucho pedir que dicho papelito se iluminara, que no fuera tan oscuro, de manera que la luz le llegara hasta el último rincón, punto o coma, mientras tanto seguiremos quedándonos a dos velas ante tal laberinto, ya que lo único claro en el mismo es la excesiva cantidad resultante final. Por todo ello, la reacción más sensata e inmediata es considerar a la energía eléctrica como el enemigo en casa y controlarla o vigilarla exhaustivamente, procurando usarla lo menos posible, puesto que nos va la bolsa, que no la vida, con el nuevo invento de cobranza, además del aumento de tarifas. O bien aplicar en este caso el plan B: Apaga y vámonos, volviendo a las antorchas y a los candiles de antaño.
Referente a la factura se observa que la misma sigue siendo un jeroglífico, hasta el punto de que más que importar la cantidad a paga, lo que si se agradecería es que se pusiera en claro dicho laberinto, pues si se trata del recibo de la luz, no sería mucho pedir que dicho papelito se iluminara, que no fuera tan oscuro, de manera que la luz le llegara hasta el último rincón, punto o coma, mientras tanto seguiremos quedándonos a dos velas ante tal laberinto, ya que lo único claro en el mismo es la excesiva cantidad resultante final. Por todo ello, la reacción más sensata e inmediata es considerar a la energía eléctrica como el enemigo en casa y controlarla o vigilarla exhaustivamente, procurando usarla lo menos posible, puesto que nos va la bolsa, que no la vida, con el nuevo invento de cobranza, además del aumento de tarifas. O bien aplicar en este caso el plan B: Apaga y vámonos, volviendo a las antorchas y a los candiles de antaño.
El Monte de los Suspiros
Al Suspiro del Moro, esa atalaya privilegiada que domina las vertientes mediterránea y atlántica de Granada, habría que llamarle más bien el Monte de los Suspiros, pues si Boabdil suspiró por perder su paraíso particular, al contemplarlo por última vez; nosotros, como granadinos, tenemos motivos más que suficientes para suspirar por ver, desde el mismo lugar, que nuestro paraíso colectivo lo estamos perdiendo sin remedio. El paisaje es cada vez más doliente y se puede observar con estupor, mirando hacia la vega, que el cáncer de hormigón que la consume va siendo mayor, con sus metástasis culebreando ya por las laderas adyacentes, proliferando en forma de urbanizaciones. A propósito de las mismas, en ciertos países envidiables, casi todas tienen más árboles que casas; aquí, en cambio, la mayoría parecen cementerios vivientes donde, a lo sumo, caben algunas macetas de algo indefinible.
Hacia el Mediterráneo y al frente, por si no teníamos bastante con la autovía dolorosa o del calvario, parece además, haber sucedido un bombardeo de enormes cicatrices blancas de las canteras circundantes de la Sierra, por sus laterales inferiores: Se va a conseguir así que Sierra Nevada termine siendo más blanca por abajo que por arriba, pues el blanco de la nieve desaparece al paso del año y con los años, mientras que el de las canteras es permanente y creciente. Incluso alguna de ellas parece estar situada dentro del mismo Parque Natural de la sierra, dándose la paradoja de que los letreros que así lo indican se encuentran en las proximidades de las mismas, demostrando con ello que si no hay interés por el medio ambiente, por lo menos se respetan los letreros que intentan protegerlo con la inútil fuerza de su fragilidad. Lo peor de las canteras es que cada día hay más sucursales por el entorno geográfico de Granada. Es como si hubiera ocurrido una lluvia de meteoritos y la provincia haya terminado vestida con traje de lunares o lamparones blancos de distintos tamaños, semejante al de alguna flamenca. No se puede negar que todo es necesario, la verdad, principalmente lo positivo del progreso. Pero ¿No se podría suavizar de alguna manera su impacto ambiental?
Ya, para terminar este dictamen doloroso, decir que, por acción o por omisión, somos cómplices de maltrato a la naturaleza, hasta el punto de que lo peor hoy día no es la pena de ser ciego en Granada, como dice el poema, sino cambiarlo diciendo: “Dale consuelo mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ver, lo que está ocurriendo en Granada”. O lo que es lo mismo: El Suspiro del Cristiano.
Hacia el Mediterráneo y al frente, por si no teníamos bastante con la autovía dolorosa o del calvario, parece además, haber sucedido un bombardeo de enormes cicatrices blancas de las canteras circundantes de la Sierra, por sus laterales inferiores: Se va a conseguir así que Sierra Nevada termine siendo más blanca por abajo que por arriba, pues el blanco de la nieve desaparece al paso del año y con los años, mientras que el de las canteras es permanente y creciente. Incluso alguna de ellas parece estar situada dentro del mismo Parque Natural de la sierra, dándose la paradoja de que los letreros que así lo indican se encuentran en las proximidades de las mismas, demostrando con ello que si no hay interés por el medio ambiente, por lo menos se respetan los letreros que intentan protegerlo con la inútil fuerza de su fragilidad. Lo peor de las canteras es que cada día hay más sucursales por el entorno geográfico de Granada. Es como si hubiera ocurrido una lluvia de meteoritos y la provincia haya terminado vestida con traje de lunares o lamparones blancos de distintos tamaños, semejante al de alguna flamenca. No se puede negar que todo es necesario, la verdad, principalmente lo positivo del progreso. Pero ¿No se podría suavizar de alguna manera su impacto ambiental?
Ya, para terminar este dictamen doloroso, decir que, por acción o por omisión, somos cómplices de maltrato a la naturaleza, hasta el punto de que lo peor hoy día no es la pena de ser ciego en Granada, como dice el poema, sino cambiarlo diciendo: “Dale consuelo mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ver, lo que está ocurriendo en Granada”. O lo que es lo mismo: El Suspiro del Cristiano.
El Aula Permanente
Como antiguo alumno del Aula Permanente de Formación Abierta, universidad para mayores, y perteneciente a su asociación (Aluma) desde hace tiempo, creo que es de justicia escribir una carta de agradecimiento a las mismas. De antemano, se desea dejar claro que el presente escrito no se trata de un reclamo publicitario, ni tampoco de una lisonja para nadie: ambas cosas, aparte de que no las necesitan, serían inadmisibles por quienes ejercen su labor de manera silenciosa, altruista y milagrosamente, dados los escasos medios de que se disponen. Es solamente un acto de reconocimiento hacia dichas organizaciones que se hace porque se lo merecen y para soslayar el peligro de que si nadie lo dice, algún día lo griten hasta las piedras.
Esta universidad para todos y su asociación conforman un abrazo incondicional hacia aquellos que, con estudios o sin ellos, tengan la oportunidad, unos, de repetir experiencias universitarias y otros de adquirirlas. Así se juntan alumnos y alumnas de diferentes profesiones con personas sin estudios, procedentes del campo o de otras actividades. Como su nombre indica, aquí no se margina a nadie y los prejuicios y complejos brillan por su ausencia. La igualdad se practica, no se teoriza ni se juega con ella. Se trata de una familia bien avenida, en donde se experimentan, entre otras muchas actividades y beneficios los siguientes: se recupera al compañero o compañera ausente de cuando se fue joven y se perdió con la edad; se sustituyen las inquietudes físicas o psicológicas por otras nuevas, juveniles y positivas; surgen amores platónicos, o de los otros, al despertar de su letargo los rescoldos que ya se creían apagados; también se va de “marcha” o botellón cuando se tercia aunque de una manera más discreta, pero no por eso menos divertida. Por todas estas razones y algunas otras, sería más propio que la asociación en vez de Aluma se llamara “Iluma”, es decir la ilusión mayor, la mayor ilusión, como es la ilusión de los mayores, quienes ya se creían de vuelta de todo y algunos casi al borde del pasotismo absoluto, encontrándose ahora con una especie de fuente de la juventud, no eterna, pero casi. Afirmaba Arthur Rimbaud, gran poeta francés eternamente joven, porque murió joven como todos los grandes poetas, sea cual sea su edad, que la poesía era como un conjunto de iluminaciones insólitas, espontáneas, inesperadas; pues bien, en concordancia con Rimbaud es factible preguntar ¿habrá algo más poético que ilusionar a la gente mayor? Hacerlo es tanto como iluminar el oscuro túnel del tiempo, por eso también se podría decir “Iluma”, no sólo por lo de ilusión sino por lo de iluminación, por lo que tiene de realidad poética inesperada y por lo difícil que resulta practicar el romanticismo a partir de cierta edad. En Aluma o “Iluma” se consigue: Además de la formación es también el milagro permanente.
Esta universidad para todos y su asociación conforman un abrazo incondicional hacia aquellos que, con estudios o sin ellos, tengan la oportunidad, unos, de repetir experiencias universitarias y otros de adquirirlas. Así se juntan alumnos y alumnas de diferentes profesiones con personas sin estudios, procedentes del campo o de otras actividades. Como su nombre indica, aquí no se margina a nadie y los prejuicios y complejos brillan por su ausencia. La igualdad se practica, no se teoriza ni se juega con ella. Se trata de una familia bien avenida, en donde se experimentan, entre otras muchas actividades y beneficios los siguientes: se recupera al compañero o compañera ausente de cuando se fue joven y se perdió con la edad; se sustituyen las inquietudes físicas o psicológicas por otras nuevas, juveniles y positivas; surgen amores platónicos, o de los otros, al despertar de su letargo los rescoldos que ya se creían apagados; también se va de “marcha” o botellón cuando se tercia aunque de una manera más discreta, pero no por eso menos divertida. Por todas estas razones y algunas otras, sería más propio que la asociación en vez de Aluma se llamara “Iluma”, es decir la ilusión mayor, la mayor ilusión, como es la ilusión de los mayores, quienes ya se creían de vuelta de todo y algunos casi al borde del pasotismo absoluto, encontrándose ahora con una especie de fuente de la juventud, no eterna, pero casi. Afirmaba Arthur Rimbaud, gran poeta francés eternamente joven, porque murió joven como todos los grandes poetas, sea cual sea su edad, que la poesía era como un conjunto de iluminaciones insólitas, espontáneas, inesperadas; pues bien, en concordancia con Rimbaud es factible preguntar ¿habrá algo más poético que ilusionar a la gente mayor? Hacerlo es tanto como iluminar el oscuro túnel del tiempo, por eso también se podría decir “Iluma”, no sólo por lo de ilusión sino por lo de iluminación, por lo que tiene de realidad poética inesperada y por lo difícil que resulta practicar el romanticismo a partir de cierta edad. En Aluma o “Iluma” se consigue: Además de la formación es también el milagro permanente.
El año del conejo
Si el año pasado se nos recomendaba desde alguna esfera gubernamental el comer conejo por Navidad porque, a falta de otras “delicatessen”, al parecer era bueno y barato, estas próximas fiestas, por causa de la crisis económica, es posible que la situación empeore todavía más y si Dios no lo remedia, mucho me temo que en esta ocasión le va a tener que tocar el turno al gato. Por si acaso al mismo tiempo que al mío le he aumentado su ración de raspas de pescado, procuro ir marcando distancias en cuanto a nuestra amistad anterior, para hacer menos dolorosa la despedida, además de encontrarle así más atractivo en su momento culinario.
En cuanto a los perros no hago ninguna referencia porque son el mejor amigo del hombre y, si en tiempo de crisis, además de quedarnos sin dinero también perdemos el mejor amigo ¿con quién nos vamos a consolar? Por alguna razón misteriosa muchos pobres van acompañados de sus perros; lo que no se explica es de que se alimentan unos y otros. Tiene que haber en tal relación algún truco gastronómico, pues ya se sabe por experiencia que si a causa de la necesidad se empieza comiendo conejo y se continúa con el gato, se puede terminar aprovechando cualquier cosa. Todo es cuestión de acostumbrarse.
Seguramente me equivoque porque no soy entendido en economía pero de la misma forma que algunos delincuentes, si se lo propusieran, podrían ser grandes policías, hay también pobres de solemnidad que pueden ser inmejorables economistas, ya que la necesidad agudiza el ingenio, la aritmética o lo que haga falta; si se lo permitieran aunque solo fuese a prueba, es posible que lo hicieran mejor que algunos titulares en los consejos de administración de grandes empresas y bancos, pues nadie como ellos saben estirar el dinero hasta límites insospechables. También se podría proponer para hacerse cargo de las finanzas del Estado a una mujer, cuyo perfil social fuera el de un ama de casa experimentada y previo casting riguroso entre madres de familia numerosa. Probablemente saldríamos ganando con el experimento.
De todas formas, ahora que se va a terminar el aciago año del conejo, esperemos que Dios reparta suerte y el Estado dinero, de manera que el próximo año sea el de la abundancia o, en el peor de los casos, el de la solidaridad tanto en lo mucho posible como en lo poco real. En dichas condiciones no habrá crisis económica por la que merezca la pena preocuparse. Y mientras tanto, que nuestra madre Hacienda nos proteja de cualquier tentación de gastos incontrolados o veleidades caprichosas.
En cuanto a los perros no hago ninguna referencia porque son el mejor amigo del hombre y, si en tiempo de crisis, además de quedarnos sin dinero también perdemos el mejor amigo ¿con quién nos vamos a consolar? Por alguna razón misteriosa muchos pobres van acompañados de sus perros; lo que no se explica es de que se alimentan unos y otros. Tiene que haber en tal relación algún truco gastronómico, pues ya se sabe por experiencia que si a causa de la necesidad se empieza comiendo conejo y se continúa con el gato, se puede terminar aprovechando cualquier cosa. Todo es cuestión de acostumbrarse.
Seguramente me equivoque porque no soy entendido en economía pero de la misma forma que algunos delincuentes, si se lo propusieran, podrían ser grandes policías, hay también pobres de solemnidad que pueden ser inmejorables economistas, ya que la necesidad agudiza el ingenio, la aritmética o lo que haga falta; si se lo permitieran aunque solo fuese a prueba, es posible que lo hicieran mejor que algunos titulares en los consejos de administración de grandes empresas y bancos, pues nadie como ellos saben estirar el dinero hasta límites insospechables. También se podría proponer para hacerse cargo de las finanzas del Estado a una mujer, cuyo perfil social fuera el de un ama de casa experimentada y previo casting riguroso entre madres de familia numerosa. Probablemente saldríamos ganando con el experimento.
De todas formas, ahora que se va a terminar el aciago año del conejo, esperemos que Dios reparta suerte y el Estado dinero, de manera que el próximo año sea el de la abundancia o, en el peor de los casos, el de la solidaridad tanto en lo mucho posible como en lo poco real. En dichas condiciones no habrá crisis económica por la que merezca la pena preocuparse. Y mientras tanto, que nuestra madre Hacienda nos proteja de cualquier tentación de gastos incontrolados o veleidades caprichosas.
El agobio de las cosas
Uno de los trabajos o entretenimientos más duros puede ser el de ordenar, clasificar y eliminar cosas que alguna persona fallecida en el entorno familiar más inmediato ha ido acumulando a lo largo de su vida. Creo que mucha gente habrá pasado por tal desagradable experiencia. Es anímicamente y físicamente agotador: Tanto libro, tanta ropa, tantas revistas, tantas cosas y cosas, la mayor parte de ellas inútiles, pero que ahí están estorbando, como mirando la cara de víctima que se le pone a uno al verlas. Se termina por odiarlas sinceramente. Lo peor es cuando llega el tema de las fotos, postales, cartas y regalos, entonces es el remate final: El corazón sometido a un esfuerzo físico durante horas no es capaz de soportar tan solo unos minutos de recuerdos emotivos. Es imposible. Parece como si se estuviera desgarrando de alrededor parte del alma del ser querido ausente, hasta el punto de no atreverse a mirar la foto o pintura de su rostro, que contempla la escena desde la pared o sobre algún mueble; Testigo silencioso que si lo ves en tal situación parece cobrar vida en sus ojos, como reprochando a la conciencia por lo que se está haciendo, la colaborar con el destino para su más rápido olvido. Entonces nos damos cuenta de la crueldad pasiva de las cosas circundantes; miran y esperan, pacientes, vigilantes, a que el tiempo con su corazón de máquina nos convierta algún día en cosas, también como ellas: Ya sea en forma de foto en su marco, algún recuerdo personal o quizá un recipiente funerario con nuestra ceniza en su rinconera.
Las cosas han sido vida por un momento nada más; la vida o interés que en ese momento se haya puesto en tal o cual objeto, pero el afán desmedido por acumular cosas mientras se vive puede ser obsesivo y la mayoría de las veces incluso inútil.
Además de agobio, lo que más recelo estremecedor producen es saber que nos sobreviven siempre, que van a seguir ahí donde están, mientras los demás ya no estemos. Son como la embajada inerte del futuro, testimonio silencioso de cómo va a seguir el entorno sin nuestra presencia. Por ese agobio y por el recelo que provocan, cada vez deseo tener menos cosas; son una plaga contagiosa. Solamente se puede hacer alguna excepción con el dinero, pero ¿para que sirve el dinero si no es para comprar más cosas? En cualquier caso, estamos rodeados por ellas y el problema no tiene solución, puesto que son mayoría y se dejan querer. Hay que rendirse a la evidencia y convertirse también en cosas más tarde o más temprano. Resignación, pues.
Las cosas han sido vida por un momento nada más; la vida o interés que en ese momento se haya puesto en tal o cual objeto, pero el afán desmedido por acumular cosas mientras se vive puede ser obsesivo y la mayoría de las veces incluso inútil.
Además de agobio, lo que más recelo estremecedor producen es saber que nos sobreviven siempre, que van a seguir ahí donde están, mientras los demás ya no estemos. Son como la embajada inerte del futuro, testimonio silencioso de cómo va a seguir el entorno sin nuestra presencia. Por ese agobio y por el recelo que provocan, cada vez deseo tener menos cosas; son una plaga contagiosa. Solamente se puede hacer alguna excepción con el dinero, pero ¿para que sirve el dinero si no es para comprar más cosas? En cualquier caso, estamos rodeados por ellas y el problema no tiene solución, puesto que son mayoría y se dejan querer. Hay que rendirse a la evidencia y convertirse también en cosas más tarde o más temprano. Resignación, pues.
El abuso de la palabra crisis
Actualmente no deja de ser curioso, al extremo que se está llegando de utilizar la otrora temida palabra crisis como un reclamo publicitario más, de los muchos que se pueden usar, tanto en los medios informativos, como en los diferentes anuncios de todo tipo en negocios y comercios. Da la impresión de que, a pesar de los pesares, hay gente que intenta aprovecharse de tal concepto, reflejo de una triste realidad, para hacer negocio frivolizando dicho término con su excesivo uso: se ha pasado de ignorar la crisis cuando ya existía, a tenerla hasta en la sopa y a todas horas, llegando al extremo de que tal abuso se hace agobiante, incluso cómico a veces.
Bienvenidos sean los posibles esfuerzos para abaratar los precios de forma que todos compartamos solidariamente los inconvenientes de hacer frente a la situación actual. Estas loables actuaciones constituyen una especie de balón de oxígeno atenuante hasta que pase la tormenta, siempre y cuando sean veraces y no una muestra más de la clásica picaresca que suele aflorar en estos casos; en tal sentido conviene recordar aquella época tan aciaga del estraperlo en la que unos pocos hicieron fortuna a costa de la necesidad de otros muchos. Por eso conviene sopesar cuidadosamente ciertas formas de publicidad no vaya a ser que se nos dé gato por liebre, aprovechándose de la credulidad de la gente.
En situaciones de crisis, sean del tipo que sean, hay que tener en cuenta no solo el probable crecimiento de la delincuencia, sino también esa posible manera de proceder engañosa por parte de algunos listos que brotan como virus y bacterias, igual que durante las epidemias de cualquier enfermedad
Bienvenidos sean los posibles esfuerzos para abaratar los precios de forma que todos compartamos solidariamente los inconvenientes de hacer frente a la situación actual. Estas loables actuaciones constituyen una especie de balón de oxígeno atenuante hasta que pase la tormenta, siempre y cuando sean veraces y no una muestra más de la clásica picaresca que suele aflorar en estos casos; en tal sentido conviene recordar aquella época tan aciaga del estraperlo en la que unos pocos hicieron fortuna a costa de la necesidad de otros muchos. Por eso conviene sopesar cuidadosamente ciertas formas de publicidad no vaya a ser que se nos dé gato por liebre, aprovechándose de la credulidad de la gente.
En situaciones de crisis, sean del tipo que sean, hay que tener en cuenta no solo el probable crecimiento de la delincuencia, sino también esa posible manera de proceder engañosa por parte de algunos listos que brotan como virus y bacterias, igual que durante las epidemias de cualquier enfermedad
Echando la red
Cuando se aproximan las navidades se observa la aparición de un fenómeno peculiar por parte de esta sociedad hedonista actual. Es evidente que la Navidad consiste en la celebración del nacimiento del Niño Dios, mientras no se demuestre lo contrario, pero resulta que hay ciertos personajes que permanentemente ignoran o desprecian esa realidad divina en sus comportamientos morales, éticos, políticos o religiosos. Incluso algunos de ellos alardean de su ateismo o de su libertinaje moral a lo largo de todo el año, pero, aprovechando que se acercan tales entrañables fiestas, en las que la gente se vuelve más generosa y se anima a comprar de todo, hasta lo más inverosímil, bodrios incluidos, no tienen reparos en ser inconsecuentes con su manera de ser o de pensar y utilizan la ocasión que les brinda dicha efemérides cristiana para echar la red, digámoslo simbólicamente, cada uno en su faceta creativa, ya sea artística, literaria, cultural o de cualquier otro tipo, sacando a la luz pública sus productos respectivos, porque conocen la facilidad de venderlos durante esos días, incluso aunque lo que se refleje en tales productos, a veces, sea contrario a los motivos de la celebración de la que se benefician tan oportunamente.
Gracias a Dios, y nunca mejor dicho, al vivir en una democracia libre, cada uno puede hacer de su capa un sayo, siempre que se respeten las capas y los sayos ajenos; pero es que además, como si fuera un Arca de Noé sin límites, en el portal de Belén cabemos todos, incluso caben los que le niegan, los pecadores más empecinados, el mismo Herodes y hasta el mismísimo diablo si así lo quisiera. Por otra parte, como el Niño Jesús es un inmenso mar de amor lleno de Gracia, acepta y recibe todas las redes que se le echen, para que así todo el mundo recoja sus frutos, aunque evidentemente algunos no se lo merezcan. De esta forma, todos, seamos creyentes o ateos, queramos o no, participamos por activa o por pasiva en el Misterio del Niño Dios. Prueba esta de que en cierta manera, quien más, quien menos, en algún momento de su vida echa también su propia red, siguiendo el ejemplo de los apóstoles en el mar de Tiberiades. Lo único que se espera, lógicamente, es que al hacerlo seamos consecuentes con nosotros mismos, de forma que el pensamiento y el corazón propios vayan por el mismo cauce. Siempre.
Gracias a Dios, y nunca mejor dicho, al vivir en una democracia libre, cada uno puede hacer de su capa un sayo, siempre que se respeten las capas y los sayos ajenos; pero es que además, como si fuera un Arca de Noé sin límites, en el portal de Belén cabemos todos, incluso caben los que le niegan, los pecadores más empecinados, el mismo Herodes y hasta el mismísimo diablo si así lo quisiera. Por otra parte, como el Niño Jesús es un inmenso mar de amor lleno de Gracia, acepta y recibe todas las redes que se le echen, para que así todo el mundo recoja sus frutos, aunque evidentemente algunos no se lo merezcan. De esta forma, todos, seamos creyentes o ateos, queramos o no, participamos por activa o por pasiva en el Misterio del Niño Dios. Prueba esta de que en cierta manera, quien más, quien menos, en algún momento de su vida echa también su propia red, siguiendo el ejemplo de los apóstoles en el mar de Tiberiades. Lo único que se espera, lógicamente, es que al hacerlo seamos consecuentes con nosotros mismos, de forma que el pensamiento y el corazón propios vayan por el mismo cauce. Siempre.
Derechos que no limosnas
Bienvenidas sean todas las ayudas sociales posibles siempre y cuando acierten en la diana de las necesidades reales y no levanten el escozor de los agravios comparativos. Bienvenidas sean mientras se controlen adecuadamente y no se contagien de esa popular enfermedad conocida como picaresca ibérica, que es la peor epidemia social existente, ya que afecta al corazón, corroe la conciencia solidaria y se transmite como las ondas por la superficie del agua en el seno de la sociedad que la padece, casi siempre en silencio por una complicidad mal entendida. Ante eso hay que denunciar, si los hubiera, los abusos o engaños, aunque solo sea a través de la temible “vox populi”, el mejor medio natural comunicante, porque es el más directo, el más sabio y el más libre.
Tambien habría que evitar el peligro de que algunas ayudas se consideren crónicas, siendo solamente provisionales, según sus características lógicamente, mientras llegue la esperada época de bonanza. En tal sentido, a medida que la situación de crisis se vaya superando, cabe preguntarse quien le pondrá el cascabel al gato de ir suprimiendo aquellas que ya no sean necesarias. Popularmente considerado, el hacerlo así tendrá sus inconvenientes sin duda, pero irremediáblemente habrá que tomar dicha medida con algunas cuando pase la tormenta y tampoco es cuestión de bloquearse ante una posible pérdida de popularidad: los paraguas se utilizan cuando llueve, no antes ni después.
Es fundamental comprender que las ayudas sociales bien entendidas, aparte de que deben tomarse como un derecho y no como limosna, no tienen que servir para acomodar el “dolce far niente” de algunas personas, pues una sociedad que se acostumbre al remedio de las suvenciones generalizadas está abocada a sufrir más que otras el riesgo de que se cumpla el anatema de “pan para hoy y hambre para mañana” además de que siempre tendrá más dificultades para salir hacia adelante que otras sociedades que se valgan por sí mismas. En España tenemos también el problema añadido de que la mano de obra cualíficada es inferior a la de otros países desarrollados, por lo tanto la mejor inversión que se podría hacer es incrementar toda la ayhuda económica posible, fomentando la especialización en todas aquellas facetas que impliquen factores de progreso. Dicha inversión sería más rentable en un futuro próximo y nuestros descendientes lo agradecerían, pues serán los beneficiarios de tal política económica al recoger la cosecha de lo que ahora se siembre. Nunca se puede cimentar una sociedad de progreso durmiéndose en la comodidad de los parches, por muy urgentes, efectivos y populares que sean en la actualidad. El futuro espera, pero siempre va llegando en pequeñas dosis. No hagamos que se nos venga encima de repente y con todo su peso. Siempre es mejor prevenir que parchear, aunque ambas cosas sean perfectamente compatibles en situaciones de emergencia. Bienvenidas sean pues las ayudas sociales como derechos y no como limosnas.
Tambien habría que evitar el peligro de que algunas ayudas se consideren crónicas, siendo solamente provisionales, según sus características lógicamente, mientras llegue la esperada época de bonanza. En tal sentido, a medida que la situación de crisis se vaya superando, cabe preguntarse quien le pondrá el cascabel al gato de ir suprimiendo aquellas que ya no sean necesarias. Popularmente considerado, el hacerlo así tendrá sus inconvenientes sin duda, pero irremediáblemente habrá que tomar dicha medida con algunas cuando pase la tormenta y tampoco es cuestión de bloquearse ante una posible pérdida de popularidad: los paraguas se utilizan cuando llueve, no antes ni después.
Es fundamental comprender que las ayudas sociales bien entendidas, aparte de que deben tomarse como un derecho y no como limosna, no tienen que servir para acomodar el “dolce far niente” de algunas personas, pues una sociedad que se acostumbre al remedio de las suvenciones generalizadas está abocada a sufrir más que otras el riesgo de que se cumpla el anatema de “pan para hoy y hambre para mañana” además de que siempre tendrá más dificultades para salir hacia adelante que otras sociedades que se valgan por sí mismas. En España tenemos también el problema añadido de que la mano de obra cualíficada es inferior a la de otros países desarrollados, por lo tanto la mejor inversión que se podría hacer es incrementar toda la ayhuda económica posible, fomentando la especialización en todas aquellas facetas que impliquen factores de progreso. Dicha inversión sería más rentable en un futuro próximo y nuestros descendientes lo agradecerían, pues serán los beneficiarios de tal política económica al recoger la cosecha de lo que ahora se siembre. Nunca se puede cimentar una sociedad de progreso durmiéndose en la comodidad de los parches, por muy urgentes, efectivos y populares que sean en la actualidad. El futuro espera, pero siempre va llegando en pequeñas dosis. No hagamos que se nos venga encima de repente y con todo su peso. Siempre es mejor prevenir que parchear, aunque ambas cosas sean perfectamente compatibles en situaciones de emergencia. Bienvenidas sean pues las ayudas sociales como derechos y no como limosnas.
De Plazas y Placetas
Granada, aparte de sus monumentos más conocidos, tiene dos atractivos peculiares que la hacen única o singular y por ende, crisol mágico de innumerables artistas creativos. Uno de esos atractivos es la variedad de contrastes paisajísticos y del otro la existencia de plazas, placetas y rincones encantadores. Todos estos lugares constituyen las joyas de su corona, principalmente aquellas placetas cuyo silencio solo es interrumpido por la sedante música del agua de sus fuentes. Por otra parte se puede decir, comparativamente hablando, que en la actualidad hemos pasado de las clásicas placetas a las horribles rotondas. Claro está que hemos perdido con el cambio, pues las rotondas no se disfrutan, se sufren, aunque sean necesarias y les pongan adornos que nadie contempla. Pues bien, algunas de esas plazas y placetas han dejado de disfrutarse igualmente, ya que de un tiempo a esta parte son ocupadas por ciertos individuos de aspecto y maneras poco recomendables, casi siempre y casi todos, ellos y ellas, peleándose entre si, embriagados o drogados y haciendo sus necesidades en cualquier rincón de la plaza, a la luz del día y a la vista del público. Para salir corriendo, vamos.
De cara al turismo en nuestra ciudad, como los turistas no son tontos ni ciegos, creo que se llevarán una pésima impresión ante todo este espectáculo bochornoso, cotidiano y próximo. En cualquier caso, a la vista de esta situación es fácil comprender que los únicos que disfrutan de dichas placetas sean los referidos individuos, los cuales campan en ellas por sus respetos, mientras los ciudadanos, contribuyentes a su sostenimiento urbano y conservación, nos vemos en la necesidad de privarnos de permanecer en ellas y pasar de largo, deprisa y en silencio para no tener problemas con los tales ocupas o con sus perros. Creo que la policía municipal y nacional, que tan eficaces como son para algunas cosas, deberían analizar esta desvergüenza e intervenir para evitarla, pues denigra el nombre de Granada ante propios y visitantes, siguiendo así el ejemplo de otras ciudades más afortunadas que la nuestra en tal sentido, y no me refiero precisamente al tan denostado botellón de los fines de semana, sino a esos lugares que pudiendo oler a flores, por el contrario, huelen a zotal o a cosas peores durante todo el año.
De cara al turismo en nuestra ciudad, como los turistas no son tontos ni ciegos, creo que se llevarán una pésima impresión ante todo este espectáculo bochornoso, cotidiano y próximo. En cualquier caso, a la vista de esta situación es fácil comprender que los únicos que disfrutan de dichas placetas sean los referidos individuos, los cuales campan en ellas por sus respetos, mientras los ciudadanos, contribuyentes a su sostenimiento urbano y conservación, nos vemos en la necesidad de privarnos de permanecer en ellas y pasar de largo, deprisa y en silencio para no tener problemas con los tales ocupas o con sus perros. Creo que la policía municipal y nacional, que tan eficaces como son para algunas cosas, deberían analizar esta desvergüenza e intervenir para evitarla, pues denigra el nombre de Granada ante propios y visitantes, siguiendo así el ejemplo de otras ciudades más afortunadas que la nuestra en tal sentido, y no me refiero precisamente al tan denostado botellón de los fines de semana, sino a esos lugares que pudiendo oler a flores, por el contrario, huelen a zotal o a cosas peores durante todo el año.
Corona y Olvido
Señor Director de IDEAL.- Seguramente la mayoría de los granadinos ignoran que la calle Mesones hubo un tiempo que se denominó como Poeta José Zorrilla, incluso al principio de la calle había un letrero que así lo indicaba; dicho letrero, no sé por qué extrañas razones, desapareció un buen día. Sin hacer de menos a una pequeña calle que con el mismo nombre se encuentra por la zona de Manuel de Góngora, creo que Zorrilla se merece por parte de la ciudad de Granada algo mejor. El nombre que se le puso en lugar de calle Mesones, fue en honor del citado poeta vallisoletano, cuando se le coronó por Granada, públicamente y con carácter oficial, como poeta nacional en 1889.
José Zorrilla, representante excepcional del romanticismo, creador del género literario de la leyenda, escritor lírico en todas sus facetas y dramaturgo genial, autor entre otras muchas obras, de Don Juan Tenorio, La leyenda del Cid, El zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, La luna de enero, etc., le dedicó también un poema épico a Granada.
Ya se sabe que esta ciudad suele ser desagradecida con sus propios hijos e hijas más ilustres, pero este caso, aunque se trata de un ilustre foráneo, es sorprendente, porque poner el nombre de este señor a una calle con motivo de un acontecimiento solemne, como homenaje, y de buenas a primeras añadir al olvido de siempre, el de no mantener el nombre que se le puso en su día, no tiene explicación alguna.
Todas las obras de José Zorrilla ahí están, dando testimonio de la valía de su autor, por eso mantener calle Mesones en lugar del nombre que le corresponde, huele a localismo cicatero. El citado poeta y dramaturgo tiene en su tierra, Valladolid, un gran monumento en una hermosa plaza, dando nombre a una espléndida avenida, todo en pleno centro de la capital. En cambio en Granada y salvando las distancias, ni siquiera García Lorca esa verdadera maravilla universal, tiene el monumento que se merece, cuando a Granada se la conoce en todo el mundo además de por la Alambra, por García Lorca. Por ello no me extraña lo del olvido hacia José Zorrilla, que comparado con lo anterior es simple “pecata minuta”.
Ya para terminar, reflejo en este escrito los versos con los que Zorrilla inició el poema dedicado a Mariano José de Larra, “Fígaro”, ante su tumba: “Ese viejo clamor que rasga el viento, es la voz funeral de una campana…”, a lo cual se puede añadir: Cuyo sonido se lo lleva el tiempo, junto con el honor, el nombre y la fama; porque desde siempre, lo inmortal es la obra hecha, lo demás carece de importancia.
José Zorrilla, representante excepcional del romanticismo, creador del género literario de la leyenda, escritor lírico en todas sus facetas y dramaturgo genial, autor entre otras muchas obras, de Don Juan Tenorio, La leyenda del Cid, El zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, La luna de enero, etc., le dedicó también un poema épico a Granada.
Ya se sabe que esta ciudad suele ser desagradecida con sus propios hijos e hijas más ilustres, pero este caso, aunque se trata de un ilustre foráneo, es sorprendente, porque poner el nombre de este señor a una calle con motivo de un acontecimiento solemne, como homenaje, y de buenas a primeras añadir al olvido de siempre, el de no mantener el nombre que se le puso en su día, no tiene explicación alguna.
Todas las obras de José Zorrilla ahí están, dando testimonio de la valía de su autor, por eso mantener calle Mesones en lugar del nombre que le corresponde, huele a localismo cicatero. El citado poeta y dramaturgo tiene en su tierra, Valladolid, un gran monumento en una hermosa plaza, dando nombre a una espléndida avenida, todo en pleno centro de la capital. En cambio en Granada y salvando las distancias, ni siquiera García Lorca esa verdadera maravilla universal, tiene el monumento que se merece, cuando a Granada se la conoce en todo el mundo además de por la Alambra, por García Lorca. Por ello no me extraña lo del olvido hacia José Zorrilla, que comparado con lo anterior es simple “pecata minuta”.
Ya para terminar, reflejo en este escrito los versos con los que Zorrilla inició el poema dedicado a Mariano José de Larra, “Fígaro”, ante su tumba: “Ese viejo clamor que rasga el viento, es la voz funeral de una campana…”, a lo cual se puede añadir: Cuyo sonido se lo lleva el tiempo, junto con el honor, el nombre y la fama; porque desde siempre, lo inmortal es la obra hecha, lo demás carece de importancia.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Cuarzos por diamantes
Señor Director de Ideal.- Hay dos productos que son bandera de presentación nacional, incluso internacional, como son el pan de Alfacar y el jamón de Trevélez, con los que se emula a diario en Granada el milagro evangélico del pan y de los peces, dada la asombrosa proliferación de los mismos. Cabe preguntarse, ante semejante abundancia, si todo lo que se ofrece como tal pan y tal jamón son realmente originarios del lugar cuyo nombre ostentan respectivamente y con merecido orgullo; porque, para que así fuera, tendría que haber en Alfacar inmensas llanuras de trigales, lo que como es obvio, no es el caso, y a su vez, en Trevélez ocupar gran parte de la Alpujarra con instalaciones porcinas colindantes unas con otras, cosa que lógicamente no ocurre así.
Ya se sabe que lo genuino del pan de Alfacar, aparte de la harina, es el agua milagrosa con el que se hace y el tipo de horneado del mismo, aunque en ciertos casos la materia prima es posible que venga de otros lugares, siendo transformada en Alfacar en una autentica joya, previo secreto de elaboración. Igualmente ocurre con el jamón de Trevélez, respecto del cual puede ser que parte de la producción provenga de otros sitios y que aquí reciba el tratamiento adecuado para su curación, con el aire de Sierra Nevada y la altitud de la zona. Toda esta actuación es completamente normal, además de lícita, pero como ocurre siempre con los buenos productos, lo más probable también es que nuestro pan y nuestro jamón tengan que soportar la enfermedad crónica de las imitaciones, así como de una fraudulenta publicidad, en cuyo caso habría que pensar en alguna fórmula de control para evitar la posible vulgarización de los mismos y así defender el prestigio de su calidad. Se podría alegar también que por su sabor los conoceréis, pero la mayoría de los consumidores no son especialistas en la materia y se confían o conforman con el nombre de lo que se les ofrece como auténtico, sin más averiguaciones.
Para nadie es ningún secreto que un buen bocadillo de pan con jamón es garantía de salud, placer y buen humor pero, si además el pan es de Alfacar, el jamón de Trevélez y el vino de nuestra tierra pasa a ser manjar de dioses, siempre y cuando no se nos dé gato por liebre o, tratándose de joyas alimenticias como en este caso y salvando las distancias del símil, cuarzos por diamantes. Esto sí que sería un pecado imperdonable, equivalente tan solo a cierta clase de escándalos, puesto que con la comida no se juega: no es ningún mandamiento, pero debería serlo.
Ya se sabe que lo genuino del pan de Alfacar, aparte de la harina, es el agua milagrosa con el que se hace y el tipo de horneado del mismo, aunque en ciertos casos la materia prima es posible que venga de otros lugares, siendo transformada en Alfacar en una autentica joya, previo secreto de elaboración. Igualmente ocurre con el jamón de Trevélez, respecto del cual puede ser que parte de la producción provenga de otros sitios y que aquí reciba el tratamiento adecuado para su curación, con el aire de Sierra Nevada y la altitud de la zona. Toda esta actuación es completamente normal, además de lícita, pero como ocurre siempre con los buenos productos, lo más probable también es que nuestro pan y nuestro jamón tengan que soportar la enfermedad crónica de las imitaciones, así como de una fraudulenta publicidad, en cuyo caso habría que pensar en alguna fórmula de control para evitar la posible vulgarización de los mismos y así defender el prestigio de su calidad. Se podría alegar también que por su sabor los conoceréis, pero la mayoría de los consumidores no son especialistas en la materia y se confían o conforman con el nombre de lo que se les ofrece como auténtico, sin más averiguaciones.
Para nadie es ningún secreto que un buen bocadillo de pan con jamón es garantía de salud, placer y buen humor pero, si además el pan es de Alfacar, el jamón de Trevélez y el vino de nuestra tierra pasa a ser manjar de dioses, siempre y cuando no se nos dé gato por liebre o, tratándose de joyas alimenticias como en este caso y salvando las distancias del símil, cuarzos por diamantes. Esto sí que sería un pecado imperdonable, equivalente tan solo a cierta clase de escándalos, puesto que con la comida no se juega: no es ningún mandamiento, pero debería serlo.
Corazón de corcho
A finales de este mes de mayo un numeroso grupo de antiguos alumnos maristas vamos a celebrar el cincuenta aniversario de la salida del Colegio. Habrá, como es natural, alguna cena, alguna comida, algún viaje. Por supuesto, tendremos también unas clases muy respetables, sentados en los pupitres y dirigidas por los Hermanos Maristas profesores de aquel entonces que, gracias a Dios, aun permanezcan con nosotros. Hasta aquí todo completamente normal, como es preceptivo en esta clase de celebraciones; pero a continuación habrá un recreo, durante el cual se producirá el hecho insólito de jugar un partido de fútbol un tanto peculiar, único en su género, y no por la edad de los participantes, que ya tiene mérito, sino porque lo haremos igual que en viejos tiempos en los cuales, al no disponerse de pelota y mucho menos de un balón se jugaba con una pequeña pelota de corcho, con lo que el esfuerzo físico era mucho mayor y lo que se ahorraba en balones se gastaba en suelas de calzado. La cuestión es que desde entonces la pelota de corcho ha quedado como un símbolo colectivo entre nosotros, a modo de corazón compartido por todos y, como tal corazón de corcho, proclive a absorber, gracias a la enseñanza recibida, mas bien lo bueno o positivo que lo negativo. Entonces, ¿por qué jugar con nuestro corazón de corcho? Sencillamente, porque de esta manera en cada puntapié que se le da expulsamos alguna negatividad o maldad que hubiera podido infiltrársele con el tiempo: Algo así como si se tratara de una especie de exorcismo deportivo para limpiar su estructura; además también, porque mientras se juega le damos vida a nuestro ser colectivo y, haciendo ejercicio, igualmente al individual; finalmente, porque al jugar se recupera al niño que fuimos en su día, ese compañero ausente propio de cada cual, que se perdió con la edad, pero que sigue escondido en algún sitio del corazón ya que cuando menos se espera, travieso como es, nos da la feliz sorpresa de mostrarse, como si fuera el niño perdido y hallado con el tiempo.
Por todas estas razones y alguna más, no sólo celebraremos el referido 50 aniversario, sino que intentaremos, gracias a ese nuestro corazón de corcho, reunirnos otra vez dentro de otros 50. Así que hasta luego, seguro.
Por todas estas razones y alguna más, no sólo celebraremos el referido 50 aniversario, sino que intentaremos, gracias a ese nuestro corazón de corcho, reunirnos otra vez dentro de otros 50. Así que hasta luego, seguro.
Contagio Natural
El señor Equix era una persona singular. Así me lo pareció en un principio, aunque tratándole habitualmente se descubría que era un ser normal. Sin embargo, su singularidad consistía en que tenía un amor excesivo por la naturaleza, hasta el extremo de que se había enamorado de una montaña; de una montaña cualquiera, como podía haber sido otra cosa. Dicho personaje era un hombre entrado en años, con las mismas arrugas en su rostro que barrancos tenía la montaña a la que amaba y cuidaba con esmero como si fuera solo suya. Hombre de pocas palabras, con sonrisa un tanto irónica y mirada impenetrable, tan impenetrable como la espesa barba que se había dejado crecer; su afecto por la montaña elegida lo demostraba de muy diversas maneras: Poniendo piedras en los pequeños barrancos, a modo de muros para detener la erosión; limpiando de ramas bajas los pinos y arbustos; colocando piedras sobre la cumbre para hacerla más altiva y airosa, etc. Todo esto lo hacía con cariño e interés, incluso hablando con el entorno como si estuviera rodeado de personas o las cosas tuvieran vida propia. Tuve conocimiento de todo ello porque una de las veces que subí a dicho monte fui testigo de tales labores, mientras aquel hombre acariciaba las piedras y los árboles.
Aquello me llamó la atención. De momento creí estar ante un loco o un tío raro hablando solo. Por curiosidad me acerqué a él y hablamos. Según me contó, mientras subíamos a la cumbre, se había jubilado hacía tiempo, no encontrando mas aliciente en su vida que refugiarse en la naturaleza, con quien compartía compañía y ayuda.
En un descanso durante la subida, le pregunté, mirando lo majestuoso del paisaje: “¿No se siente usted solo ante todo esto?” Me respondió de forma indirecta, diciéndome los nombres de todos los picos del entorno, como si fueran parientes suyos, como si se tratara de su familia; pero, bajando la voz, murmuró: “Claro que aquí también hay bichos de todas clases, víboras, escorpiones, lobos.., como ve no me privo de ninguna compañía”. Siguió diciendo que de vez en cuando bajaba al pueblo más próximo para aprovisionarse de lo necesario y que las noches las pasaba en una cabaña de piedras cerca de la cumbre. Precisamente a esta cabaña llegamos al cabo de un rato. Estaba situada entre un enorme peñasco y dos grandes encinas; sujeto en la entrada había un burro que nos miró burlón o así me lo pareció; hasta me dieron ganas de saludarle, pero como no sé rebuznar me limité a darle un toque amistoso sobre sus ancas.
En el interior de la cabaña había de todo, hasta con su fuego debajo de la roca, a cuyo calor nos sentamos sobre un camastro. El hombre descolgó del techo de troncos un par de recipientes forrados de mimbre, mientras decía: “¿Que prefiere?, un buen trago de tinto o coñac”; como ya le había echado, por mi parte, una mirada de reojo a un jamón que colgaba también del techo opté por el tinto como su mejor acompañante, además de un pan que estaba tan bueno que no desmerecía del jamón. Durante el tiempo que estuve allí hicimos buena amistad y le prometí volver más veces para ayudarle en su labor.
Con el tiempo volví efectivamente, pero no me lo encontraba nunca. Incluso la cabaña parecía abandonada. Una vez los pastores me informaron que se había ido a vivir al pueblo y que estaba con la mujer que le proporcionaba el suministro. No sé por qué, pero sentí cierta desilusión. Hasta la naturaleza que me rodeaba parecía triste, deprimida y como para confirmarlo, unos nubarrones negros empezaron a removerse inquietos, con ganas de bronca. Rápidamente bajé al pueblo antes de que comenzara a llover. Una vez allí y para animarme, entré en un bar del mismo, sorprendiéndome al encontrar al señor Equix que salía del local acompañado de una mujer bajita; él parecía más joven y vestía como un caballero. No se lo que más me molestó, si la risa de ambos o que Equix hubiera cambiado su montaña por aquella mujer.
Haciendo de tripas corazón me esforcé en saludarle, preguntándole por aquel sorprendente cambio. El contestó sin atreverse a mirar, como escondiéndose: “Bueno… eso ya pasó. Ya estoy viejo para seguir. Algún día…” En esos momentos el resplandor de un relámpago iluminó el océano de nubes negras que coronaba la cumbre. El trueno acompañante retumbó en todo el valle, no dejándome oír las últimas palabras de Equix, quien atemorizado, sin despedirse siquiera, se metió en su nueva casa son su nuevo amor. Mientras, la cumbre flameaba de relámpagos y truenos como si estuviera enfadada y quisiera derrumbarse sobre el pueblo.
Desde entonces aquella montaña me dio tanta pena verla tan sola, que ahora soy yo el que vive en la cabaña y le hablo a las rocas y los árboles, mientras les acaricio. Lo que más me molesta de todo es cuando la gente me mira como si fuera un bicho raro: Principalmente la mirada burlona del burro de antes, que ahora me acompaña. En cuanto a mi amigo Equix, cada vez que me ve por el pueblo, sale corriendo; sabe que soy su conciencia.
Aquello me llamó la atención. De momento creí estar ante un loco o un tío raro hablando solo. Por curiosidad me acerqué a él y hablamos. Según me contó, mientras subíamos a la cumbre, se había jubilado hacía tiempo, no encontrando mas aliciente en su vida que refugiarse en la naturaleza, con quien compartía compañía y ayuda.
En un descanso durante la subida, le pregunté, mirando lo majestuoso del paisaje: “¿No se siente usted solo ante todo esto?” Me respondió de forma indirecta, diciéndome los nombres de todos los picos del entorno, como si fueran parientes suyos, como si se tratara de su familia; pero, bajando la voz, murmuró: “Claro que aquí también hay bichos de todas clases, víboras, escorpiones, lobos.., como ve no me privo de ninguna compañía”. Siguió diciendo que de vez en cuando bajaba al pueblo más próximo para aprovisionarse de lo necesario y que las noches las pasaba en una cabaña de piedras cerca de la cumbre. Precisamente a esta cabaña llegamos al cabo de un rato. Estaba situada entre un enorme peñasco y dos grandes encinas; sujeto en la entrada había un burro que nos miró burlón o así me lo pareció; hasta me dieron ganas de saludarle, pero como no sé rebuznar me limité a darle un toque amistoso sobre sus ancas.
En el interior de la cabaña había de todo, hasta con su fuego debajo de la roca, a cuyo calor nos sentamos sobre un camastro. El hombre descolgó del techo de troncos un par de recipientes forrados de mimbre, mientras decía: “¿Que prefiere?, un buen trago de tinto o coñac”; como ya le había echado, por mi parte, una mirada de reojo a un jamón que colgaba también del techo opté por el tinto como su mejor acompañante, además de un pan que estaba tan bueno que no desmerecía del jamón. Durante el tiempo que estuve allí hicimos buena amistad y le prometí volver más veces para ayudarle en su labor.
Con el tiempo volví efectivamente, pero no me lo encontraba nunca. Incluso la cabaña parecía abandonada. Una vez los pastores me informaron que se había ido a vivir al pueblo y que estaba con la mujer que le proporcionaba el suministro. No sé por qué, pero sentí cierta desilusión. Hasta la naturaleza que me rodeaba parecía triste, deprimida y como para confirmarlo, unos nubarrones negros empezaron a removerse inquietos, con ganas de bronca. Rápidamente bajé al pueblo antes de que comenzara a llover. Una vez allí y para animarme, entré en un bar del mismo, sorprendiéndome al encontrar al señor Equix que salía del local acompañado de una mujer bajita; él parecía más joven y vestía como un caballero. No se lo que más me molestó, si la risa de ambos o que Equix hubiera cambiado su montaña por aquella mujer.
Haciendo de tripas corazón me esforcé en saludarle, preguntándole por aquel sorprendente cambio. El contestó sin atreverse a mirar, como escondiéndose: “Bueno… eso ya pasó. Ya estoy viejo para seguir. Algún día…” En esos momentos el resplandor de un relámpago iluminó el océano de nubes negras que coronaba la cumbre. El trueno acompañante retumbó en todo el valle, no dejándome oír las últimas palabras de Equix, quien atemorizado, sin despedirse siquiera, se metió en su nueva casa son su nuevo amor. Mientras, la cumbre flameaba de relámpagos y truenos como si estuviera enfadada y quisiera derrumbarse sobre el pueblo.
Desde entonces aquella montaña me dio tanta pena verla tan sola, que ahora soy yo el que vive en la cabaña y le hablo a las rocas y los árboles, mientras les acaricio. Lo que más me molesta de todo es cuando la gente me mira como si fuera un bicho raro: Principalmente la mirada burlona del burro de antes, que ahora me acompaña. En cuanto a mi amigo Equix, cada vez que me ve por el pueblo, sale corriendo; sabe que soy su conciencia.
Con la crisis a cuesta
Cuando políticamente hablando se demoraba en reconocer públicamente la crisis económica, se demostraba con ello conocer bien a la ciudadanía, ya que en este país hay gente que a pesar de no tener un duro o de encontrarse endeudada hasta el cuello, tratará por todos los medios posibles de disimular y hacer ver que la crisis no va con ellos, que lo negativo siempre le sucede al vecino o a los demás. Este afán por querer dar una imagen de falsa realidad es frecuente, incluso en estas situaciones suelen aparecer ciertos alardes de ciertas personas para demostrar de esta manera que se encuentran por encima del resto de los mortales, algo así como si fueran una especie de elegidos por la diosa fortuna.
Cuesta trabajo reconocer, viendo el despilfarro que se produce con motivo de fiestas, conmemoraciones, espectáculos y demás acontecimientos habidos y por haber, el grado o alcance de la crisis. A través de algunos medios informativos es muy difícil creerse que haya docenas de miles de familias hipotecadas, así como millones de mileuristas currantes; aparentemente dichos medios informativos se contradices o alguien nos está engañando: Seguramente nosotros a nosotros mismos, favoreciendo con nuestro comportamiento, a veces económicamente irresponsable, el desarrollo de la crisis. También es posible que estemos ante un verdadero milagro inexplicable y el dinero quizá se haya vuelto elástico o de goma, que se estira y nunca se rompe.
La apariencia importa mucho y por eso, de la misma manera que hay una economía sumergida, tampoco nunca se sabrá la verdadera magnitud de la crisis económica actual, porque muchas veces se aparenta lo que no se tiene; a no ser que a la gente le regalen el dinero, en cuyo caso me gustaría saber el truco, si lo hubiera, o en donde lo dan para ponerme a la cola. De todas formas hay lugar para el optimismo, pues al pueblo español le sobra ingenio y práctica por haber remontado en su historia épocas de crisis mucho peores. Todavía no se ha llegado ni se llegará al extremo del gasógeno o tener que comerse las peladuras de las patatas o de los plátanos, como en otros tiempos. Es evidente que aquí se sabe nadar y guardar la ropa, que se tiene iniciativa e imaginación para vivir relativamente bien y salir hacia delante. Esta característica constituye también una gran riqueza: Así quizá se explique todo lo anterior.
Cuesta trabajo reconocer, viendo el despilfarro que se produce con motivo de fiestas, conmemoraciones, espectáculos y demás acontecimientos habidos y por haber, el grado o alcance de la crisis. A través de algunos medios informativos es muy difícil creerse que haya docenas de miles de familias hipotecadas, así como millones de mileuristas currantes; aparentemente dichos medios informativos se contradices o alguien nos está engañando: Seguramente nosotros a nosotros mismos, favoreciendo con nuestro comportamiento, a veces económicamente irresponsable, el desarrollo de la crisis. También es posible que estemos ante un verdadero milagro inexplicable y el dinero quizá se haya vuelto elástico o de goma, que se estira y nunca se rompe.
La apariencia importa mucho y por eso, de la misma manera que hay una economía sumergida, tampoco nunca se sabrá la verdadera magnitud de la crisis económica actual, porque muchas veces se aparenta lo que no se tiene; a no ser que a la gente le regalen el dinero, en cuyo caso me gustaría saber el truco, si lo hubiera, o en donde lo dan para ponerme a la cola. De todas formas hay lugar para el optimismo, pues al pueblo español le sobra ingenio y práctica por haber remontado en su historia épocas de crisis mucho peores. Todavía no se ha llegado ni se llegará al extremo del gasógeno o tener que comerse las peladuras de las patatas o de los plátanos, como en otros tiempos. Es evidente que aquí se sabe nadar y guardar la ropa, que se tiene iniciativa e imaginación para vivir relativamente bien y salir hacia delante. Esta característica constituye también una gran riqueza: Así quizá se explique todo lo anterior.
Chuches y Juegos de Antaño
En el pasado de quienes ahora se nos conoce como personas de la 3ª edad ocurría que de forma oficial y a través de los cauces estatales, principalmente el llamado Frente de Juventudes y Sección Femenina, se intentaba monopolizar el tiempo libre de la gente joven, pero aquello era una misión a todas luces incompleta, por no decir imposible. Era tanto como querer canalizar el Amazonas. Popularmente hablando había más energía vital juvenil fuera de dichos cauces que dentro, aunque tal hecho no fuese oficialmente reconocido. Lógicamente igual que no se le pueden poner puertas al campo, tampoco se puede limitar a la naturaleza humana, especialmente cuando se es joven, pues siempre termina desbordándose. Eso sí, sin que en este caso llegara nunca la sangre al río y sin que los jóvenes de entonces nos comiéramos una rosca, porque se actuaba sin malicia aunque supiéramos nadar y guardar la ropa al mismo tiempo. Sencillamente, éramos como éramos y disfrutábamos siéndolo, al margen de interferencias foráneas. Por eso al estar mucho tiempo en la calle nos sentíamos libres como los pájaros, a pesar de los pesares de entonces.
Como consecuencia, nuestros juegos eran todo callejeros y a veces algo burros, la verdad, pero satisfacían la necesidad de evasión del ambiente cerrado de nuestras casas y nos servían para adaptarnos al entorno que no era nada fácil. Entre dichos juegos se pueden recordar el abejorro, el marro, el chiri–voy, la pata coja, el voy–toma, incluso también alguna “pedrea” de vez en cuando, etc. Igualmente nuestras “chuches”, por llamarles de alguna manera, eran acordes con la actividad física, pues no habiendo la variedad de juegos sedentarios de ahora, nos suministraban la energía natural necesaria para mantener aquel ritmo. Hay que decir que esas “chuches” de entonces siguen existiendo, pero no se sabe por qué razón tienen poca aceptación entre la gente joven actual, prefiriendo las artificiales de ahora, muy vistosas por cierto, pero de consecuencias no tan benéficas como las de antes: Entre estos se pueden citar las majoletas, almecinas, acerolas, azofaifas, algarrobas, tapacubos, el regaliz de palo, la cañadú, etc. Eso cuando no echábamos mano de la vega, que era como nuestra tierra de aventuras y de promisión, algo parecido al Far–West pero más grande, sobre todo a la hora de salir corriendo con las habas o frutas que eran una tentación, así como una especie de “trofeos deportivos” ante la admiración de los menos audaces. Además aquellas “chuches” no necesitaban de publicidad ni de colorines. El instinto era nuestro mejor consejero. Por eso quizá estemos aquí todavía para contarlo.
Como consecuencia, nuestros juegos eran todo callejeros y a veces algo burros, la verdad, pero satisfacían la necesidad de evasión del ambiente cerrado de nuestras casas y nos servían para adaptarnos al entorno que no era nada fácil. Entre dichos juegos se pueden recordar el abejorro, el marro, el chiri–voy, la pata coja, el voy–toma, incluso también alguna “pedrea” de vez en cuando, etc. Igualmente nuestras “chuches”, por llamarles de alguna manera, eran acordes con la actividad física, pues no habiendo la variedad de juegos sedentarios de ahora, nos suministraban la energía natural necesaria para mantener aquel ritmo. Hay que decir que esas “chuches” de entonces siguen existiendo, pero no se sabe por qué razón tienen poca aceptación entre la gente joven actual, prefiriendo las artificiales de ahora, muy vistosas por cierto, pero de consecuencias no tan benéficas como las de antes: Entre estos se pueden citar las majoletas, almecinas, acerolas, azofaifas, algarrobas, tapacubos, el regaliz de palo, la cañadú, etc. Eso cuando no echábamos mano de la vega, que era como nuestra tierra de aventuras y de promisión, algo parecido al Far–West pero más grande, sobre todo a la hora de salir corriendo con las habas o frutas que eran una tentación, así como una especie de “trofeos deportivos” ante la admiración de los menos audaces. Además aquellas “chuches” no necesitaban de publicidad ni de colorines. El instinto era nuestro mejor consejero. Por eso quizá estemos aquí todavía para contarlo.
El Cerro Huenes
De todas las alturas de Sierra Nevada que circundan Granada la más próxima de ellas es sin duda el llamado cerro Huenes, el cual con sus 1.800 y pico metros de altitud, constituye un mirador privilegiado a más de mil metros de desnivel con respecto a Monachil y la Vega.
Hace años cuando comencé a conocerlo, era en general un cerro pelado, salvo vegetación de tipo matorral, así como algunos encinares aislados o los pequeños oasis de manantiales como la Fuente del Chopo, la Gallúa o la de Fuente Fría. Los pinares que actualmente lo cubren casi en su totalidad, entonces apenas tenían una cuarta de altura. Fuente Fría era una delicia por su entorno y su agua, la cual llegaba hasta el refugio que se encuentra algo más abajo. Hoy día, tanto el refugio, como Fuente Fría y la estructura de canalización consiguiente están en ruinas o han desaparecido. Un laberinto de carriles forestales lo han invadido por todas partes hasta los montes aledaños (Poyos de Monachil y Picos del Tesoro); por fortuna y por ahora el manto de pinos permanece superviviente, pero, eso sí, amenazado por ciertos peligros de desaparición, ya que la zona es muy frecuentada por toda clase de excursionistas, siendo el número de éstos cada vez mayor, por la caza furtiva y sobre todo por las motos que lo recorren asiduamente, destrozando los caminos o haciendo surcos por donde después el agua de lluvia encuentra lecho apropiado para erosionar el terreno aún más. Esta actividad de las motos creo que está prohibida por dicha zona al ser la misma Parque Natural, pero aunque existe un observatorio forestal en la cima de los Poyos de Monachil, es insuficiente para cubrir tan amplio espacio, suponiendo que haya alguien que vigile desde dicho observatorio, pues me consta personalmente que no es así gran parte del año, suponiendo también que sirviera para algo, pues lo tales moteros suelen ir en grupo y no creo que le hicieran el más mínimo caso a nadie que se les pusiera por delante.
Así tenemos, en conclusión, un monte continuamente maltratado por unos o por otros y esperando que cualquier día reciba la puntilla de algún incendio, fortuito o intencionado. De momento sobrevive, lo cual es un verdadero milagro y un placer poder visitarlo a pesar de los pesares. Sería deseable, por consiguiente, una mayor protección o vigilancia hacia dicho monte, pues dada su proximidad hacia grandes núcleos urbanos, así como la facilidad de acceso al mismo, corre mucho más riesgo que otros lugares de nuestra Sierra.
Hace años cuando comencé a conocerlo, era en general un cerro pelado, salvo vegetación de tipo matorral, así como algunos encinares aislados o los pequeños oasis de manantiales como la Fuente del Chopo, la Gallúa o la de Fuente Fría. Los pinares que actualmente lo cubren casi en su totalidad, entonces apenas tenían una cuarta de altura. Fuente Fría era una delicia por su entorno y su agua, la cual llegaba hasta el refugio que se encuentra algo más abajo. Hoy día, tanto el refugio, como Fuente Fría y la estructura de canalización consiguiente están en ruinas o han desaparecido. Un laberinto de carriles forestales lo han invadido por todas partes hasta los montes aledaños (Poyos de Monachil y Picos del Tesoro); por fortuna y por ahora el manto de pinos permanece superviviente, pero, eso sí, amenazado por ciertos peligros de desaparición, ya que la zona es muy frecuentada por toda clase de excursionistas, siendo el número de éstos cada vez mayor, por la caza furtiva y sobre todo por las motos que lo recorren asiduamente, destrozando los caminos o haciendo surcos por donde después el agua de lluvia encuentra lecho apropiado para erosionar el terreno aún más. Esta actividad de las motos creo que está prohibida por dicha zona al ser la misma Parque Natural, pero aunque existe un observatorio forestal en la cima de los Poyos de Monachil, es insuficiente para cubrir tan amplio espacio, suponiendo que haya alguien que vigile desde dicho observatorio, pues me consta personalmente que no es así gran parte del año, suponiendo también que sirviera para algo, pues lo tales moteros suelen ir en grupo y no creo que le hicieran el más mínimo caso a nadie que se les pusiera por delante.
Así tenemos, en conclusión, un monte continuamente maltratado por unos o por otros y esperando que cualquier día reciba la puntilla de algún incendio, fortuito o intencionado. De momento sobrevive, lo cual es un verdadero milagro y un placer poder visitarlo a pesar de los pesares. Sería deseable, por consiguiente, una mayor protección o vigilancia hacia dicho monte, pues dada su proximidad hacia grandes núcleos urbanos, así como la facilidad de acceso al mismo, corre mucho más riesgo que otros lugares de nuestra Sierra.
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