Señor Director de IDEAL.- La ermita del Cristo del zapato sigue destruida desde que hace aproximadamente un par de años un rayo le cayera encima. Actualmente su entorno es desolador, pues a la nefasta obra de la naturaleza hay que añadir la suciedad ambiental compuesta entre otras materias por plásticos, papeles, latas, botellas, etc. Bien es verdad que la mayor parte de esos papeles contienen peticiones y plegarias y se encuentran sujetos con piedras, pero otros están por allí sueltos revoloteando, incrementando con ello la sensación de abandono. No sé el por qué, pero tenía entendido que después del citado incidente atmosférico había sido reconstruida recientemente. Desgraciadamente no es así, por ahora, aunque parece ser que su rehabilitación está en marcha. De momento aquello se asemeja a la consecuencia de un fuerte terremoto.
En cambio, lo que sí se ha reformado es el sendero que conduce hasta la ermita desde Pinos del Valle. Se ha ensanchado con el objetivo de facilitar el transporte de los medios y materiales de reconstrucción, pero, por otro lado, la subida de la anterior vereda era más cómoda y fácil para los caminantes, ya que entre repecho y repecho había zonas llanas en donde se podía recuperar el resuello. De momento, por el contrario, es todo una ascensión continua, con lo que la penitencia de los visitantes será mayor a partir de ahora. Bienvenida sea dicha penitencia si al llegar arriba se viera la ermita bien terminada, como se merece el Cristo del zapato, y con las medidas de seguridad adecuadas para que no le vuelva a suceder lo mismo, pues no se olvide que, como hombre que también es se habrá llevado un buen susto. ¿Por qué no? Por tal motivo quizá, parece como si al paisaje le faltara algo o alguien, mientras no se le reconstruya su casa, que también es la nuestra.
Conviene recordar además, que la anterior ermita se hizo acarreando los materiales a fuerza de mulas o burros y con los precarios medios disponibles en aquel entonces. Esperemos pues que con los modernos medios de ahora la próxima no se demore mucho y que el resultado final sea digno de quien la va a ocupar y de sus numerosos devotos. Es posible también que lo del rayo sucediese para poner a prueba la reacción y la fe de los mismos. Por eso hay que decir una vez más aquello de “nunca hay mal que por bien no venga”. En este caso queda sólo esperar su cumplimiento.
En cambio, lo que sí se ha reformado es el sendero que conduce hasta la ermita desde Pinos del Valle. Se ha ensanchado con el objetivo de facilitar el transporte de los medios y materiales de reconstrucción, pero, por otro lado, la subida de la anterior vereda era más cómoda y fácil para los caminantes, ya que entre repecho y repecho había zonas llanas en donde se podía recuperar el resuello. De momento, por el contrario, es todo una ascensión continua, con lo que la penitencia de los visitantes será mayor a partir de ahora. Bienvenida sea dicha penitencia si al llegar arriba se viera la ermita bien terminada, como se merece el Cristo del zapato, y con las medidas de seguridad adecuadas para que no le vuelva a suceder lo mismo, pues no se olvide que, como hombre que también es se habrá llevado un buen susto. ¿Por qué no? Por tal motivo quizá, parece como si al paisaje le faltara algo o alguien, mientras no se le reconstruya su casa, que también es la nuestra.
Conviene recordar además, que la anterior ermita se hizo acarreando los materiales a fuerza de mulas o burros y con los precarios medios disponibles en aquel entonces. Esperemos pues que con los modernos medios de ahora la próxima no se demore mucho y que el resultado final sea digno de quien la va a ocupar y de sus numerosos devotos. Es posible también que lo del rayo sucediese para poner a prueba la reacción y la fe de los mismos. Por eso hay que decir una vez más aquello de “nunca hay mal que por bien no venga”. En este caso queda sólo esperar su cumplimiento.
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