Cuando políticamente hablando se demoraba en reconocer públicamente la crisis económica, se demostraba con ello conocer bien a la ciudadanía, ya que en este país hay gente que a pesar de no tener un duro o de encontrarse endeudada hasta el cuello, tratará por todos los medios posibles de disimular y hacer ver que la crisis no va con ellos, que lo negativo siempre le sucede al vecino o a los demás. Este afán por querer dar una imagen de falsa realidad es frecuente, incluso en estas situaciones suelen aparecer ciertos alardes de ciertas personas para demostrar de esta manera que se encuentran por encima del resto de los mortales, algo así como si fueran una especie de elegidos por la diosa fortuna.
Cuesta trabajo reconocer, viendo el despilfarro que se produce con motivo de fiestas, conmemoraciones, espectáculos y demás acontecimientos habidos y por haber, el grado o alcance de la crisis. A través de algunos medios informativos es muy difícil creerse que haya docenas de miles de familias hipotecadas, así como millones de mileuristas currantes; aparentemente dichos medios informativos se contradices o alguien nos está engañando: Seguramente nosotros a nosotros mismos, favoreciendo con nuestro comportamiento, a veces económicamente irresponsable, el desarrollo de la crisis. También es posible que estemos ante un verdadero milagro inexplicable y el dinero quizá se haya vuelto elástico o de goma, que se estira y nunca se rompe.
La apariencia importa mucho y por eso, de la misma manera que hay una economía sumergida, tampoco nunca se sabrá la verdadera magnitud de la crisis económica actual, porque muchas veces se aparenta lo que no se tiene; a no ser que a la gente le regalen el dinero, en cuyo caso me gustaría saber el truco, si lo hubiera, o en donde lo dan para ponerme a la cola. De todas formas hay lugar para el optimismo, pues al pueblo español le sobra ingenio y práctica por haber remontado en su historia épocas de crisis mucho peores. Todavía no se ha llegado ni se llegará al extremo del gasógeno o tener que comerse las peladuras de las patatas o de los plátanos, como en otros tiempos. Es evidente que aquí se sabe nadar y guardar la ropa, que se tiene iniciativa e imaginación para vivir relativamente bien y salir hacia delante. Esta característica constituye también una gran riqueza: Así quizá se explique todo lo anterior.
jueves, 24 de septiembre de 2009
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