Desde un tiempo a esta parte, a través de la televisión se nos hace por el gobierno una serie de recomendaciones y consejos acerca de variados aspectos. No se puede dudar de su buena voluntad al realizar tales campañas, pero ¿tan torpes somos para decirnos una y otra vez lo que tenemos que hacer? ¿Sirven dichos consejos para algo? Personalmente, como nunca he creído en el amor de ningún gobierno hacia sus ciudadanos, salvo el de Hacienda que nos abraza a todos, pienso que se trata de cuñas publicitarias con el objeto de influir en la vida privada de las personas.
Actualmente algunos de esos mensajes nos animan a consumir porque, al parecer, hay que compensar la crisis económica, aunque sea gastando el dinero que no se tiene y aparentando una felicidad pasajera a base de parches, provocando la euforia momentánea, la evasión ficticia cuando no se tiene confianza en el futuro; algo así como la actitud del avestruz al esconder la cabeza debajo del ala, mientras vienen tiempos mejores.
Nadie nos va a descubrir el Mediterráneo y menos en ciertos temas, aparte de que el “paternalismo” estatal debiera quedarse solamente para determinada clase de regímenes políticos, que gracias a nuestra democracia no es el caso de este país. Mucho más temible que una crisis económica sería siempre una crisis de libertad, y aquí seguiremos siendo libres aunque lleguemos a ser pobres; por lo tanto, nos conviene observar esos pequeños detalles paternalistas porque con la excusa de nuestro bienestar, unas veces por motivos sexuales, otras por el tráfico y otras por cualquier causa que sea, pues todo vale, se nos va interfiriendo en nuestra capacidad de decisión personal y llegará el día en que no nos podamos mover sin nuestro “padre protector”. Al respecto, aunque tenga dudas razonables, que se sepa los ciudadanos no estamos metidos de momento, en ninguna especie de “gran hermano”; aun así y todo, y por si acaso, haciendo uso del derecho que me corresponde como ciudadano libre, nomino a ese posible aspirante a ser “padre” con todos los puntos disponibles, pro tratarnos como a unos inmaduros y por gastar el dinero público en dicho empeño innecesario, porque a pesar de cierta clase de televisión, todavía queda gente normal responsable de sus actos: la mayoría. Y con la mayoría no hay quien pueda.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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