viernes, 25 de septiembre de 2009

De Plazas y Placetas

Granada, aparte de sus monumentos más conocidos, tiene dos atractivos peculiares que la hacen única o singular y por ende, crisol mágico de innumerables artistas creativos. Uno de esos atractivos es la variedad de contrastes paisajísticos y del otro la existencia de plazas, placetas y rincones encantadores. Todos estos lugares constituyen las joyas de su corona, principalmente aquellas placetas cuyo silencio solo es interrumpido por la sedante música del agua de sus fuentes. Por otra parte se puede decir, comparativamente hablando, que en la actualidad hemos pasado de las clásicas placetas a las horribles rotondas. Claro está que hemos perdido con el cambio, pues las rotondas no se disfrutan, se sufren, aunque sean necesarias y les pongan adornos que nadie contempla. Pues bien, algunas de esas plazas y placetas han dejado de disfrutarse igualmente, ya que de un tiempo a esta parte son ocupadas por ciertos individuos de aspecto y maneras poco recomendables, casi siempre y casi todos, ellos y ellas, peleándose entre si, embriagados o drogados y haciendo sus necesidades en cualquier rincón de la plaza, a la luz del día y a la vista del público. Para salir corriendo, vamos.
De cara al turismo en nuestra ciudad, como los turistas no son tontos ni ciegos, creo que se llevarán una pésima impresión ante todo este espectáculo bochornoso, cotidiano y próximo. En cualquier caso, a la vista de esta situación es fácil comprender que los únicos que disfrutan de dichas placetas sean los referidos individuos, los cuales campan en ellas por sus respetos, mientras los ciudadanos, contribuyentes a su sostenimiento urbano y conservación, nos vemos en la necesidad de privarnos de permanecer en ellas y pasar de largo, deprisa y en silencio para no tener problemas con los tales ocupas o con sus perros. Creo que la policía municipal y nacional, que tan eficaces como son para algunas cosas, deberían analizar esta desvergüenza e intervenir para evitarla, pues denigra el nombre de Granada ante propios y visitantes, siguiendo así el ejemplo de otras ciudades más afortunadas que la nuestra en tal sentido, y no me refiero precisamente al tan denostado botellón de los fines de semana, sino a esos lugares que pudiendo oler a flores, por el contrario, huelen a zotal o a cosas peores durante todo el año.

No hay comentarios:

Publicar un comentario