En los autobuses de Barcelona solían poner, junto con la imagen del rostro de una vaca sonriente, la frase “La vaca que riu” sobre sus laterales a modo de anuncio publicitario de cierto producto lácteo; actualmente algunos ponen lo de “probablemente Dios no exista…” con la coletilla consiguiente. Como consecuencia, en algún autobús de Madrid figura lo contrario. Puede ser que se intente con ello plantear un debate teológico para evadirse de otros problemas mayores. En el primer caso y a partir de ahora, la vaca que ríe tendrá otro motivo más para ser feliz, porque al ser probable que Dios no exista, podrá hacer lo que le de la gana paseando por el prado, de esta forma cambiaría el pesado soniquete de su cencerro por otro ritmo menos aburrido, o bien convertirse en vaca loca, pero solamente de espíritu.
A nivel humano, el hecho de que Dios no exista parece ser, no se sabe por qué extrañas razones, libertad para todo y garantía de felicidad también, claro que tales ilusiones son factibles mientras que el cuerpo aguante y la salud o el dinero lo permitan, porque cuando por causa de los mismos se le ven las orejas al lobo, se vuelve a la reflexión y, generalmente, a cualquier clase de creencia, aunque tal cambio nunca se reconozca públicamente, pues todas las decisiones personales pertenecen a la intimidad de cada cual; por eso es posible que hubiera sido más razonable poner en esos autobuses catalanes lo de “salud, dinero y amor para todos”, evitándose de esta manera polémicas tragicómicas.
Con la que está cayendo sobre una sociedad que presenta todos los síntomas de encontrarse en fase de pronóstico reservado y se ponen a dirimir si Dios existe o es probable que no. Tal cuestión se asemeja al cuento aquel de las dos liebres que perseguidas por los perros de caza, tuvieron la fatal ocurrencia de entretenerse en discutir sobre si eran galgos o podencos, perdiendo un tiempo vital para salvarse, hasta que, finalmente, los perros se les echaron encima terminando con ellas y con su discusión inútil. En nuestro caso los perros acuciantes y acosadores, sean galgos o podencos, son de variado pelaje: Entre éstos figuran la violencia a todos los niveles, sociales y familiares, la delincuencia cada vez con más audacia, las drogas que parecen ser las únicas salidas con las que mucha gente intenta huir de la realidad cotidiana, el paro que se vuelve más agobiante con el paso del tiempo, etc. Ante tal situación, lo que parece realmente para nuestra mayor desgracia, es que Dios no existe o nos ha abandonado y el que sea probable o improbable no tiene ninguna relevancia, pues la única consecuencia es la de perder el tiempo o refugiarse en una nube de ignorancia malintencionada. Desde nuestra enana perspectiva humana Dios es inmensurable, por lo tanto, seamos libres pero no liebres, por favor.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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