viernes, 25 de septiembre de 2009

Energía eléctrica, facturas y cartas

A la vista del actual sistema de cobro por parte de la compañía Sevillana – Endesa, se ha llegado al punto de que hoy día es más temible que llegue a casa una factura de luz o una carta de Sevillana que cualquier carta o papel de la Jefatura de Tráfico o de Hacienda. Por lo menos éstas últimas dan opción al destinatario a que demuestre su inocencia, incluso a demostrar que son ellas las equivocadas; sin embargo la compañía Sevillana considera a su cliente desde el primer momento, no como un presunto culpable, sino como un culpable sin presunto, y en su carta aparecen advertencias o avisos imperativos de interrupción del servicio, hasta que al final de la misma viene la sentencia inapelable, pues si no se paga dentro del límite impuesto, con razón o sin ella, se corta el suministro de luz, penando al cliente con la consiguiente problemática. Está claro que si hubiera posibilidades de utilizar los servicios de otras compañías, seguramente que el trato a la clientela sería mucho mejor, gracias a la competencia.
Referente a la factura se observa que la misma sigue siendo un jeroglífico, hasta el punto de que más que importar la cantidad a paga, lo que si se agradecería es que se pusiera en claro dicho laberinto, pues si se trata del recibo de la luz, no sería mucho pedir que dicho papelito se iluminara, que no fuera tan oscuro, de manera que la luz le llegara hasta el último rincón, punto o coma, mientras tanto seguiremos quedándonos a dos velas ante tal laberinto, ya que lo único claro en el mismo es la excesiva cantidad resultante final. Por todo ello, la reacción más sensata e inmediata es considerar a la energía eléctrica como el enemigo en casa y controlarla o vigilarla exhaustivamente, procurando usarla lo menos posible, puesto que nos va la bolsa, que no la vida, con el nuevo invento de cobranza, además del aumento de tarifas. O bien aplicar en este caso el plan B: Apaga y vámonos, volviendo a las antorchas y a los candiles de antaño.

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