Señor Director de IDEAL.- Seguramente la mayoría de los granadinos ignoran que la calle Mesones hubo un tiempo que se denominó como Poeta José Zorrilla, incluso al principio de la calle había un letrero que así lo indicaba; dicho letrero, no sé por qué extrañas razones, desapareció un buen día. Sin hacer de menos a una pequeña calle que con el mismo nombre se encuentra por la zona de Manuel de Góngora, creo que Zorrilla se merece por parte de la ciudad de Granada algo mejor. El nombre que se le puso en lugar de calle Mesones, fue en honor del citado poeta vallisoletano, cuando se le coronó por Granada, públicamente y con carácter oficial, como poeta nacional en 1889.
José Zorrilla, representante excepcional del romanticismo, creador del género literario de la leyenda, escritor lírico en todas sus facetas y dramaturgo genial, autor entre otras muchas obras, de Don Juan Tenorio, La leyenda del Cid, El zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, La luna de enero, etc., le dedicó también un poema épico a Granada.
Ya se sabe que esta ciudad suele ser desagradecida con sus propios hijos e hijas más ilustres, pero este caso, aunque se trata de un ilustre foráneo, es sorprendente, porque poner el nombre de este señor a una calle con motivo de un acontecimiento solemne, como homenaje, y de buenas a primeras añadir al olvido de siempre, el de no mantener el nombre que se le puso en su día, no tiene explicación alguna.
Todas las obras de José Zorrilla ahí están, dando testimonio de la valía de su autor, por eso mantener calle Mesones en lugar del nombre que le corresponde, huele a localismo cicatero. El citado poeta y dramaturgo tiene en su tierra, Valladolid, un gran monumento en una hermosa plaza, dando nombre a una espléndida avenida, todo en pleno centro de la capital. En cambio en Granada y salvando las distancias, ni siquiera García Lorca esa verdadera maravilla universal, tiene el monumento que se merece, cuando a Granada se la conoce en todo el mundo además de por la Alambra, por García Lorca. Por ello no me extraña lo del olvido hacia José Zorrilla, que comparado con lo anterior es simple “pecata minuta”.
Ya para terminar, reflejo en este escrito los versos con los que Zorrilla inició el poema dedicado a Mariano José de Larra, “Fígaro”, ante su tumba: “Ese viejo clamor que rasga el viento, es la voz funeral de una campana…”, a lo cual se puede añadir: Cuyo sonido se lo lleva el tiempo, junto con el honor, el nombre y la fama; porque desde siempre, lo inmortal es la obra hecha, lo demás carece de importancia.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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