jueves, 24 de septiembre de 2009

El Cerro Huenes

De todas las alturas de Sierra Nevada que circundan Granada la más próxima de ellas es sin duda el llamado cerro Huenes, el cual con sus 1.800 y pico metros de altitud, constituye un mirador privilegiado a más de mil metros de desnivel con respecto a Monachil y la Vega.
Hace años cuando comencé a conocerlo, era en general un cerro pelado, salvo vegetación de tipo matorral, así como algunos encinares aislados o los pequeños oasis de manantiales como la Fuente del Chopo, la Gallúa o la de Fuente Fría. Los pinares que actualmente lo cubren casi en su totalidad, entonces apenas tenían una cuarta de altura. Fuente Fría era una delicia por su entorno y su agua, la cual llegaba hasta el refugio que se encuentra algo más abajo. Hoy día, tanto el refugio, como Fuente Fría y la estructura de canalización consiguiente están en ruinas o han desaparecido. Un laberinto de carriles forestales lo han invadido por todas partes hasta los montes aledaños (Poyos de Monachil y Picos del Tesoro); por fortuna y por ahora el manto de pinos permanece superviviente, pero, eso sí, amenazado por ciertos peligros de desaparición, ya que la zona es muy frecuentada por toda clase de excursionistas, siendo el número de éstos cada vez mayor, por la caza furtiva y sobre todo por las motos que lo recorren asiduamente, destrozando los caminos o haciendo surcos por donde después el agua de lluvia encuentra lecho apropiado para erosionar el terreno aún más. Esta actividad de las motos creo que está prohibida por dicha zona al ser la misma Parque Natural, pero aunque existe un observatorio forestal en la cima de los Poyos de Monachil, es insuficiente para cubrir tan amplio espacio, suponiendo que haya alguien que vigile desde dicho observatorio, pues me consta personalmente que no es así gran parte del año, suponiendo también que sirviera para algo, pues lo tales moteros suelen ir en grupo y no creo que le hicieran el más mínimo caso a nadie que se les pusiera por delante.
Así tenemos, en conclusión, un monte continuamente maltratado por unos o por otros y esperando que cualquier día reciba la puntilla de algún incendio, fortuito o intencionado. De momento sobrevive, lo cual es un verdadero milagro y un placer poder visitarlo a pesar de los pesares. Sería deseable, por consiguiente, una mayor protección o vigilancia hacia dicho monte, pues dada su proximidad hacia grandes núcleos urbanos, así como la facilidad de acceso al mismo, corre mucho más riesgo que otros lugares de nuestra Sierra.

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