A propósito de las frecuentes agresiones a profesionales de la Sanidad, Enseñanza, progenitores, familiares, incluso a miembros de las fuerzas de Seguridad, resulta irremediable comparar el pasado con el presente y darse cuenta de que se ha producido un cambio de un extremo al otro. Ni aquello era normal, ni lo de ahora tampoco: se dice que en el término medio se encuentra la virtud, pero, al parecer, en España a dicha virtud se la busca poco o se pasa de ella olímpicamente, ahí está nuestra historia para comprobarlo, y cuando por casualidad aparece, la pobre se lleva los palos de ambos lados, como si les estorbara. Vengo a referirme con esta última expresión al hecho constatable de que quienes nacieron en la década de los años 30 y se criaron milagrosamente en la de los 40, hallándose por lo tanto ahora en la 3ª edad, entre los cuales me encuentro, hemos vivido ambos extremos. Es una realidad asombrosa poder testificar una contradicción educativa sufrida por nuestra generación en aquellos tiempos y a su vez, cuando a los de tal generación les llega el turno de ser padres, se produce el cambio totalmente contrario.
En nuestra infancia se tenía un respeto sagrado a los progenitores, igual que en la juventud, por doble motivo, primero porque era la costumbre y segundo, porque en cuanto te descantillabas lo más mínimo recibías los palos correspondientes. Después, cuando ibas al colegio o a la escuela, te encontrabas con la práctica consuetudinaria del lema “la letra con sangre entra”, idea sádica de algún perverso anónimo, pero que entonces tenía muchos aficionados o adictos, por lo que en cuanto fallabas un punto o una coma, o por cualquier otro motivo, pues dependía del capricho y carácter del adicto de turno, te soltaban un reglazo o varios. Había otras modalidades de castigo físico, pero sólo he querido indicar la más corriente y de las más suaves.
Posteriormente y en general, ya sea como padres, funcionarios de distintas facetas o profesionales de cualquier materia, hemos sido víctimas de falta de respeto por parte de nuestros, clientes o público, incluso en algunos casos, hasta de malos tratos o cosas peores. Nuestra generación, pues, ha sido maltratada por aquellos y por estos, como si fuera una especie de “pushing ball” entre ambas generaciones completamente distintas, y la nuestra hubiera pagado con creces la diferencia entre las dos. Esta es nuestra “culpa” y también haber sido la generación fantasma: oficialmente no somos ni héroes, ni mártires, ni de ninguna causa y de ninguna guerra. Por lo tanto, tampoco somos ganadores ni perdedores. Simplemente, no somos nada para la historia, tan solo una generación silenciosa o sumisa que ha tenido que soportar a la anterior y posterior. A cambio de hacer de sufrido puente entre ambas orillas no tenemos medallas, ni méritos, ni memorias, ni nostalgias, únicamente nos tenemos a nosotros mismos con nuestro increíble testimonio y el deber cumplido, así como la extraña sensación de haber sido la generación sándwich de un cierto naufragio social. Solamente podemos alardear de ser supervivientes del mismo, que no es poco. Felices Fiestas a todos.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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