Ya se sabe que una de las virtudes de la democracia puede ser también su punto débil: la libertad de expresión y de comunicación, así como el uso del cauce democrático para expresar cualquier opinión o reclamación. Esta virtud ha sido utilizada siempre por algunas ideas totalitarias para adentrarse en su estructura, intentando eliminarla e instaurarse en el poder, como ocurrió con el nazismo en Alemania, por ejemplo. En el caso de ahora el referente es el terrorismo que, si bien no utiliza directamente el cauce democrático, sí, por lo menos, se sirve de la libertad de comunicación para hacerse notar aunque sea negativamente, porque puede suceder que lo que vaya buscando ETA es que se hable de ella para poder mantenerse y justificarse ante los suyos, ya que sabe perfectamente que su objetivo final no lo va a conseguir nunca.
Haciendo referencia al último atentado de dicha organización terrorista contra los medios informativos del país vasco, pero que afecta a todos en general, habría que hacerse algunas reflexiones acerca de la conveniencia de dar excesiva información sobre la misma, cada vez que comete un atentado. A veces, mucho más grande que la onda expansiva de la bomba terrorista es la onda informativa que se produce a continuación y durante demasiado tiempo. ¿A cuanto sale un minuto de publicidad en televisión? ¿A cuanto el renglón de un anuncio en la prensa? Y sin embargo de ETA se escribe y se habla largo y tendido completamente gratis para ella. Habría que pensar en la fórmula o manera de poner solamente escuetas y lacónicas notas de prensa en caso de algún atentado grave, sin armar la consabida reacción mediática y social de siempre.
Sin ser esa su intención, por supuesto, los medios se comportan inconscientemente, siguiéndoles en cierto modo ese su juego con el exceso de información, que para los terroristas es publicidad por muy negativa que sea ésta, pues a ellos les da igual, ya que lo importante es salir en dichos medios aunque sea como monstruos. Es tanto como decir, aquí estamos y aquí seguimos a pesar de todas las medidas represivas y a pesar del transcurso del tiempo. Es hacerse notar por parte de ETA y por parte de la prensa o la televisión es darle mayor importancia de la que realmente tiene. El silencio es también una forma de aislamiento y con el terrorismo la democracia debería hacer una excepción, practicándolo en la medida de lo posible y dejar que las Fuerzas de Seguridad se las entiendan con él, silenciosamente y con eficacia, como lo vienen haciendo.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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