Sierra Nevada es el macizo montañoso de España que tiene el triste honor de liderar el balance de accidentes de montaña con resultados luctuosos. No es extraño que así sea, a la vista del desconocimiento que se tiene obre la misma por alguna gente visitante, no solo orográficamente, sino también, lo que es más importante, climatológicamente hablando: Cierto es que se trata de una de las sierras que más días de sol tiene al año, pero también es cierto que los cambios de tiempo en esos mismos días pueden ser imprevistos. En tal sentido, hay que tener en cuenta que a partir de los tres mil metros de altitud puede suceder cualquier cambio atmosférico en cualquier momento. Esto es válido para toda la Alta Montaña en el meridiano en el que nos encontramos, pero Sierra Nevada tan próxima además a la turbulenta zona del estrecho de Gibraltar, se lleva la palma en dichos cambios. Por citar algún ejemplo: Veteranos montañeros atestiguan que, por muy radiante que sea el día, cuando se vean aparecer algunas nubes provenientes de la vertiente mediterránea por la zona del Caballo (3.013 mts), lo más prudente es abandonar cualquier actividad montañera o buscar refugio, porque, aunque no siempre sea así, suele suceder que en poco tiempo se produzca un riesgo atmosférico de consecuencias imprevisibles.
Por otra parte, nuestra Sierra engaña: Aparentemente es tentadora e inspira confianza. Desde lejos es como esas personas atractivas o seductoras que, sorprendentemente, pueden terminar convirtiéndose en fieras. Abundando en tal aspecto, hay gente que piensa que Sierra Nevada no tiene, como otras montañas, grandes alteraciones orográficas alpinas. Basan sus erróneas afirmaciones en el único y superficial conocimiento que poseen sobre la cara sureste o vertiente hacia Granada e, incluso algunos limitan su “experiencia” a su visión desde la capital o la vega. Indudablemente que, si antes de hablar sin saber lo que dicen, conocieran, por ejemplo, la ruta que desde el río Genil conduce por la loma del Calvario hacia el Puntal de Vacares (3.146 mts) tendrían la feliz oportunidad de descubrir su error, contemplando toda la vertiente norte de la sierra con su docena de alturas superiores a los 3.000 metros, todas ellas cortadas a pico en caída casi vertical de dos mil metros de desnivel hasta el Genil, precipitándose vertiginosamente por los vasares de Valdecasillas, Valdeinfierno y del Guarnon. Dicha zona, con su paisaje alucinante, no tiene nada que envidiar a ninguna otra de cualquier sistema montañoso, por muy alpino que sea.
Sierra Nevada, por lo tanto, no tiene la culpa de ser como es en lo referente al ranking de accidentes que ostenta; no es ella la causa, sino la mayoría de las veces, la ignorancia, la inexperiencia y el exceso de confianza de quienes se creen que es fácil dominarla sin conocerla. Ahí está el verdadero peligro, en la falta de respeto hacia la misma.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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