Los jardines de la plaza de Gran Capitán se asemejan cada vez más a una pequeña sucursal de la selva amazónica, incluso no les falta su correspondiente “indígena” saliendo entre el ramaje. Las solitarias “flores de pato” o “calas” que allí se encuentran se muestran como tristes y apagadas, parece que les faltara algo o les sobrara todo. Si estuvieran rodeadas de menos follaje y de más flores, seguramente que tendrían otro aspecto más optimista y la plaza, por supuesto, se lo agradecería. Se echa de menos por lo tanto, no solo en el macizo central sino también en los parterres laterales esa variedad de colores naturales, propios del mes de mayo, que se observa en otros jardines menos transitados. Creo que los numerosos viandantes que pasan por allí, así comos los vecinos del barrio, se merecen algo más alegre, principalmente la pobre estatua de la mujer que allí aparece; evidentemente le falta, como al entorno en que se encuentra, la florida sonrisa de la primavera. Se trata, según reza dicho monumento, el dedicado por la ciudad de Granada “a las mujeres jóvenes del siglo XXI”, pero, empezando porque las mismas tienen ahora, las que más ocho o nueve años y les queda tiempo todavía para ser jóvenes; continuando porque todas ellas, habidas y por haber, son dignas de algo más serio o respetuoso que lo existente, y terminando porque habría añadir además la patente falta de flores y su cuidado necesario. Está claro que, como consecuencia de lo anterior, Granada debiera ser más generosa con las “mujeres jóvenes del siglo XXI” y de todos los tiempos, de forma que, de no cambiar tal monumento en su versión actual, si, por lo menos, hermosearlo en la medida de lo posible haciendo más compatible la dignidad del nombre de Granada con la de la imagen hacia quien va dirigido.
Por todo ello, sería deseable que de aquí al próximo año haya tiempo suficiente para subsanar dichas carencias, sustituyendo las enormes lechugas selváticas de ahora por mayor número de rosas, así como más variedad de flores, pues las mujeres de cualquier época y edad son acreedoras a dicho regalo, sobre todo si las destinatarias son jóvenes. No hay más que verlas en primavera para comprenderlo. Son el camino de la vida y la cuna de la naturaleza humana; una plaza llena de flores para ellas, por favor. Y que las respeten.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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