viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Para cuándo?

Parece ser que cierta representación municipal granadina visitó Burdeos hace tiempo con el objeto de observar su moderno método de transporte público por si el mismo pudiera ser viable en nuestra ciudad. Como consecuencia de aquello, ya que aquí se piensa imitar en parte a la referida Burdeos en cuanto al metro – tranvía del que algún día llegaremos a disfrutar, aunque por ahora su parto nos esté resultando algo doloroso, imitémosla también en lo referente a la exaltación de dicha ciudad francesa con el grandioso monumento dedicado a los girondinos, representantes suyos en Paris durante la Revolución francesa y que fueron traicioneramente asesinados por los jacobinos.
En tal sentido, motivos y personajes en Granada tenemos más que suficientes y más actuales, con la circunstancia añadida de haberle dado alguno de ellos a nuestra capital un renombre mayor del que ya tenía y por lo cual se encuentra en deuda con él, debiendo agradecerle a Federico García Lorca, a quien se refieren estas líneas, el que no sólo sea conocida por la Alhambra sino también por el brillo de su figura universal.
Independientemente de que el resultado de las exhumaciones tuviera el éxito deseable en el lugar en que se encuentran los restos del poeta, junto con los de sus compañeros de martirio, no estaría de más el ir pensando, mientras tanto, en levantar un monumento en Granada para García Lorca y sus compañeros. El tema económico para sufragar el mismo, además de otras posibles ayudas públicas, se solventaría mediante suscripción popular, pues García Lorca se lo merece por parte de sus paisanos, siendo su figura y su obra muy queridas en esta tierra que le vio nacer y morir. Admitida esta cuestión, los lugares en donde se ubicaría tal monumento podrían ser varios, tema en el que el que suscribe no pretende opinar demasiado por no ser erudito en asuntos de arte y urbanismo.
Desde luego, como es lógico, sería en Granada capital, por ejemplo en alguna rotonda o por las proximidades del parque que ostenta su nombre. Es cuestión de estudiar el proyecto. Lo más importante es que tendría que situarse en un sitio fácilmente accesible y frecuentado, aparte de tener unas dimensiones dignas de los méritos de su figura y de las circunstancias de su triste e injusto final. ¿Para cuando pues su monumento? Es decir, el nuestro. El de todos.

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