Ahora que se acercan las Olimpiadas, a celebrar en China durante el presente año, es la ocasión propicia para resaltar uno de los ejercicios físicos que más se practica y que pasa injustamente desapercibido. Se trata de aquel que se realiza por todo el mundo, cualquiera que sea su edad, clase o condición y varias veces a lo largo del día, todos los días: Me refiero al acto urbano de cruzar los semáforos y pasos de cebra, algunos de los cuales hay que pasarlos a paso ligero o al trote, siempre y cuando haya semáforo y éste se encuentre en verde, porque para cruzar los otros, suponiendo que las rayas blancas sean visibles, a veces hay que encomendarse a Dios o al diablo antes de intentarlo. En este caso, además de ejercicio físico, existe también la emoción del riesgo, pues nunca se sabe lo que va a hacer el contrario, es decir, los vehículos, ya que aunque respeten el ceda el paso, hay que contar con que haya unanimidad en todos ellos y no venga el listo o despistado de turno que te lleve por delante. En cualquier caso, como nunca se puede confiar, siempre se cruza con miedo.
Por otra parte, en algunos semáforos y para esperar a que se pongan verdes, da tiempo suficiente a descansar de lo s anteriores, pues aunque existe un botón para cambiarlos de color, el dichoso botón debe ser un adorno inútil o está averiado o se trata más bien de una broma, porque si no, no se explica. En otros semáforos, cuando por fin se puede pasar, hay que hacerlo en plan olímpico, por lo que las personas se van atropellando unas a otras, instintivamente nerviosas como náufragos en el tráfico, para ponerse a salvo. Indudablemente que al final del día a fuerza de salvar semáforos o pasos de cebra, se termina agotado y con los nervios deshechos, igual que los mejores atletas olímpicos al final de una competición. Por todo ello, por su práctica generalizada a todos los niveles, por su cotidianeidad y por la emoción del riesgo que implica ejercitarlo, creo que es de justicia proponer que el semáforing o cruce de semáforos y pasos de cebra, debiera ser considerado, a partir de ahora y aprovechando la ocasión de las próximas olimpiadas, como un auténtico deporte olímpico de los más populares, pues sin duda alguna, reúne todas las condiciones necesarias para serlo.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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