viernes, 25 de septiembre de 2009

El Aula Permanente

Como antiguo alumno del Aula Permanente de Formación Abierta, universidad para mayores, y perteneciente a su asociación (Aluma) desde hace tiempo, creo que es de justicia escribir una carta de agradecimiento a las mismas. De antemano, se desea dejar claro que el presente escrito no se trata de un reclamo publicitario, ni tampoco de una lisonja para nadie: ambas cosas, aparte de que no las necesitan, serían inadmisibles por quienes ejercen su labor de manera silenciosa, altruista y milagrosamente, dados los escasos medios de que se disponen. Es solamente un acto de reconocimiento hacia dichas organizaciones que se hace porque se lo merecen y para soslayar el peligro de que si nadie lo dice, algún día lo griten hasta las piedras.
Esta universidad para todos y su asociación conforman un abrazo incondicional hacia aquellos que, con estudios o sin ellos, tengan la oportunidad, unos, de repetir experiencias universitarias y otros de adquirirlas. Así se juntan alumnos y alumnas de diferentes profesiones con personas sin estudios, procedentes del campo o de otras actividades. Como su nombre indica, aquí no se margina a nadie y los prejuicios y complejos brillan por su ausencia. La igualdad se practica, no se teoriza ni se juega con ella. Se trata de una familia bien avenida, en donde se experimentan, entre otras muchas actividades y beneficios los siguientes: se recupera al compañero o compañera ausente de cuando se fue joven y se perdió con la edad; se sustituyen las inquietudes físicas o psicológicas por otras nuevas, juveniles y positivas; surgen amores platónicos, o de los otros, al despertar de su letargo los rescoldos que ya se creían apagados; también se va de “marcha” o botellón cuando se tercia aunque de una manera más discreta, pero no por eso menos divertida. Por todas estas razones y algunas otras, sería más propio que la asociación en vez de Aluma se llamara “Iluma”, es decir la ilusión mayor, la mayor ilusión, como es la ilusión de los mayores, quienes ya se creían de vuelta de todo y algunos casi al borde del pasotismo absoluto, encontrándose ahora con una especie de fuente de la juventud, no eterna, pero casi. Afirmaba Arthur Rimbaud, gran poeta francés eternamente joven, porque murió joven como todos los grandes poetas, sea cual sea su edad, que la poesía era como un conjunto de iluminaciones insólitas, espontáneas, inesperadas; pues bien, en concordancia con Rimbaud es factible preguntar ¿habrá algo más poético que ilusionar a la gente mayor? Hacerlo es tanto como iluminar el oscuro túnel del tiempo, por eso también se podría decir “Iluma”, no sólo por lo de ilusión sino por lo de iluminación, por lo que tiene de realidad poética inesperada y por lo difícil que resulta practicar el romanticismo a partir de cierta edad. En Aluma o “Iluma” se consigue: Además de la formación es también el milagro permanente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario